lunes, 28 de julio de 2014

CINES DE VERANO TERRAZAS FLORIDA Y ALCOSA

Como cada verano, llega a nuestro blog el recuerdo de los cines estivales, parte imprescindible para el conocimiento y divulgación de lo que fue el costumbrismo cinematográfico en Sevilla, que desapareció casi por completo en nuestros días, debido a factores  tales como la llegada de la tecnología audiovisual ( video, dvd, internet....), el mayor número de ofertas y posibilidades de ocio, así como también la inacción política y la especulación urbanística.

De aquel universo nocturno, hoy en día conformado por, apenas, un par de salas gestionadas por Diputación y Universidad, quizá funcionando a modo de reclamo cultural; espacios para algunos nostálgicos, cinéfilos, y giris de la globalización, no nos queda más que un simple recuerdo, que en este capítulo será conformado por lo que fueron las terrazas de verano Florida y Alcosa.

Aproximadamente, por donde se encuentra el actual Tanatorio de la S-30, allá por los años 78/79, existió el cine de verano Terraza Florida, gestionado por el empresario Pepe Sosa ( Ultramarinos Sosa ). Es de suponer que, al ser un cine de barrio, se abastecía de una clientela principalmente procedente del Polígono Norte, las Avenidas, Golondrinas, Torreón, y, por supuesto, también de la Ballichera.


Pues  bien: aquella construcción desmontable, fue trasladada al Parque Alcosa, asociándose Pepe Sosa junto a José Antonio Gullón, quien posteriormente se haría cargo del trianero cine Alfarería, montando ambos la Terraza Alcosa, que funcionó entre 1981 y 1984.

La barriada de Alcosa fue construida en tres fases durante el período 1970-79, por la constructora valenciana Alfredo Corral, S.A., formando en un principio uno de los lugares más lejanos de la Ciudad, distanciado a 9 kilómetros del Casco Antiguo. Por entonces, la nueva urbanización no disponía de cines, salvo el Aeropuerto, fuera de la temporada estival; además, existía la lejanía de otros enclaves como el Polígono de San Pablo ( Cines Español y Sinaí ), o Torreblanca ( Cines Ranchito y las Flores; mas La Paz, de invierno ), por lo que el establecimiento de la Terraza Alcosa significó en su momento, no sólo una novedad, sino también la satisfacción de una necesidad, pese a que por entonces el video comenzaba a hacer sus pinitos, aunque estaba claro que un lugar en cierto punto algo aislado ( pese a su mercadillo) necesitaba una sala de proyecciones veraniegas.

Abajo, imagen cenital tomada en 1984. Aún faltaba mucho que hacer, incluyendo calles más nuevas como Ontur (1) y Pintor Alfonso Grosso (2), las cuáles hemos rotulado con una línea. El círculo señala el asentamiento del cine Alcosa, mientras que la edificación exenta a su derecha, supuestamente lo colocaríamos como lo que fue el Cine Aeropuerto:


Y a continuación una escena actual del mismo sitio que nos ayudará a comprender la ubicación de la Terraza de Verano Alcosa. Google Maps:


Realmente, trasladarse al Parque Alcosa, incluyendo el cine, suponía un lejanísimo y tardío viaje a través de la empresa de transportes de Damián Millán, pues era la única línea disponible y su terminal estaba en el Prado. Y aunque vamos de cines, no hemos dejado en el tintero otra reliquia como era aquel ticket de autobús que conectaba, por aquellos años, trozos de Sevilla. Historia misma de Alcosa:


Nuestro colaborador Carlos Ortega, hijo de Fernando, portero de varios cines, ( entre ellos, estos ) otro hispalense de la nostalgia, recuerda a Gonzalo, el taquillero ( hijo de Pepe Sosa ); José, el guarda; manolito, encargado del bar; y hasta a uno de los operadores apellidado Valdivia. Tiempos de calles solitarias, de autobuses calurosos, de botellitas de Pepsi y de Cola, de la luz roja de exit, de la salamanquesa en la pared, de la araña en la pantalla cuando cortaban la película....

Carlos, desde el recuerdo de su infancia, comentaba que aquel Alcosa era " como de varios colores por fuera ", y que " las películas se proyectaban desde la cabina del cerrado Cine Aeropuerto", aunque aquello sucedió a partir del segundo año de la Terraza en Alcosa, ya que en la primera temporada el cine estuvo colocado cerca de unos pisos pilotos de la urbanización que estaban cerca del campo de fútbol."




Lo cierto y la verdad, es que aquellos cines de verano de barrio y de barriada, fueron desapareciendo, y con ellos el costumbrismo, dejando paso a un enorme halo de nostalgia para quienes, generaciones como la de quien suscribe y otras anteriores, aún queda el espacio para la evocación.

martes, 17 de junio de 2014

La fuentes de San Vicente, San Lorenzo y de la Puerta Real.

LAS FUENTES DE SAN VICENTE, SAN LORENZO Y GOLES

La búsqueda de las antiguas fuentes o pilas de Sevilla nos lleva en esta oportunidad hacia varios de los surtidores de los que menos se ha hablado sobre su existencia, pero sobre los  que hay sabidos fundamentos. En los anteriores artículos sobre las diferentes fuentes en la Historia de la Alameda de Hércules (  las de 1574 y las de 1674-75 ), expusimos varios artículos basados en  lo que realizaron los distintos consistorios, mencionándose la instauración de nuevas y reformadas conducciones de agua que, procedentes del manantial llamado los Caños del Arzobispo, llevaron el líquido elemento a fontanales establecidos no sólo en la Alameda de la Feria ( de Hércules ), sino también en la Plaza del Duque, mas algunos conventos y demás collaciones, incluyendo las de San Vicente, San Lorenzo, Goles....

LA FUENTE DE SAN VICENTE

Según lo que conocemos, la fuente manaba en las cercanías de la iglesia parroquial. Ese es el único testimonio formal sobre la ubicación de la pila, procedente de la Historia de Sevilla de Alonso Morgado, ejemplar impreso en Sevilla en 1587. El largo recorrido, desde la Carretera de Carmona ( entonces, a más de media legua de la ciudad ), donde estaba el manantial del Arzobispo, así como la poca cantidad de agua que restaba a la cañería tras haber surtido las anteriores fuentes ( San Vicente era una de las últimas en recibir ), mas los desniveles de las mismas conducciones, dieron lugar a que durante años se presentasen con asiduidad largos períodos de desavastecimiento unidos a la proliferación de obras.

Tanto la calle Cardenal Cisneros como la plaza de Doña Teresa Enríquez, fueron conocidas desde la instalación de la fuente, en 1574, por el nombre de la iglesia parroquial; esto es: Plaza de San Vicente. Un padrón de 1665 alude a la "plazuela de la Pila de San Vicente". Desde luego, esta última mención nos acerca más aún al establecimiento de la fuente. La Plaza de San Vicente, históricamente, era rectangular, alargada, cerrada en su extremo oriental hasta la apertura en 1960 de la calle Cardenal Cisneros. No obstante, hasta mediados del XIX existen alusiones a la fuente como resultado de las continuas reparaciones de las canalizaciones, mientras que en los distintos planos de la ciudad tampoco aparece el surtidor, pese a que se ha comentado que pudo haber estado adosado a la Parroquia, o bien a la altura de la Plaza de Doña Teresa Enríquez, o bien en lo que es hoy la nave correspondiente al espacio donde la Hermandad de las Siete Palabras conserva los enseres.

En el Archivo Municipal de Sevilla se conserva un plano, en torno a 1763-65, que presenta la distribución de las aguas procedentes del Arzobispo, detallándose la fuente de San Vicente tras las reformas realizadas por el asistente Larrumbe:


LA FUENTE DE SAN LORENZO

Respecto a la pila que se hallaba en la Plaza de San Lorenzo, la única información de carácter visual que tenemos es  la del mismo dibujo del A.M.S. Nos encontramos, por lo tanto, ante una fuente al parecer exenta y culminada en media bola; grande ( todo lo contrario que la de San Vicente ) y de un sólo grifo de riego. Recuerden que esta imagen pertenece a la de 1763-65, cuando desde la Alameda de Hércules partían dos cañerías y una de ellas abastecía a San Lorenzo, San Vicente, zona de Puerta de Goles,....tenemos la sensación que este surtidor pudo ubicarse en el centro de la Plazuela.


LA FUENTE DE LA PUERTA REAL

Si a partir del Renacimiento las plazas comienzan a convertirse en centros neurálgicos de la ciudad - complementando en esta función central a la iglesia -, con la fuente incluida, ejemplo que vemos en la de San Lorenzo, en el medievo, las entradas a la urbe solían incluir entraditas a modo de patios de armas, incorporando también un surtidor que abasteciese principalmente a viajeros , lugareños y ganado variado. Esta guisa permanecía en muchas ciudades, incluyendo Sevilla, como sucedía en la monumental Puerta de Triana y en la de Goles ( o Real ), terminales de las conducciones mencionadas procedente de los Caños del Arzobispo, realizadas en el último tercio del XVI y, posteriormente en el XVIII. Siguiendo con el extracto del plano de 1763-65, apreciamos la fuente de la Puerta Real:


El británico Richard Ford ( 1796-1858 ), hispanista inglés que viajó por la geografía española,  y residió en Granada y Sevilla, habiendo escrito numerosos artículos costumbristas, incluyendo una guía para el viajante. Muy conocidos son sus dibujos sobre temas sevillanos,  como por ejemplo este de abajo, en el que comprobamos la representación una escena cotidiana ante la Puerta Real, hecho a lápiz. Se observa que el surtidor contaba con un abrevadero y un muro aparentemente semicircular. No estamos ante una construcción monumental. A la izquierda aparecen los pilares del hueco de un soportal, hoy en día conservados; mientras que apreciamos las capillas que flanquean a la que fue la Nueva Puerta de Goles, perteneciente al catálogo manierista de Hernán Ruiz II, construida en el lustro 1560-1565.


De esta forma finalizamos otra de las entregas que tratan sobre las diferentes fuentes sevillanas, canalizadas a través de unas larguísimas conducciones que procedían de los entonces lejanos Caños del Arzobispo, reformadas en épocas distintas, pero cuyo denominador original no fue otro que el Renacimiento, período este que supuso un auténtico esplendor y avance hasta entonces nunca visto en distintas disciplinas, incluyendo las construcciones de ingeniería para beneficio de aquella capital del mundo llamada Sevilla.

martes, 27 de mayo de 2014

LA ALAMEDA DESAPARECIDA (5) LA ESQUINA SURESTE

Este blog, como bien conocen nuestros seguidores, ha sido pionero en el estudio de la Alameda de Hércules, principalmente desde principios del siglo XX, pasando por la postguerra y finalizando en los albores de la Exposición de 1992, a tenor de la enorme cantidad de información publicada, material hasta el momento ignoto, consistente en datos e imágenes. Sin embargo, aún quedan algunas aristas para cuadrar el círculo, representándose una de ellas en ese pequeño tramo situado al Este del bulevar que se forma al final de la calle Amor de Dios y al principio de la Correduría, que continúa agrandándose hacia el sur finalizando en Trajano. Es una parte más bien de tránsito, pues los extremos alamedanos acaban en arterias importantes como, además de las mencionadas, Peral o Calatrava, que permiten ir de calle en calle y dar la vuelta al rectángulo herculano. Una toma del Google Maps marcada con una línea roja nos aclarará mejor el espacio que trataremos:


El Sureste de la Alameda,  flanco añejo que encontró la ubicación de lugares populares e históricos como la Cafetería Las Maravillas o el Colegio San Luis Gonzaga, por no olvidarnos de la freiduría La Isla o la administración de quinielas Chispitas, entre otros.

La desembocadura de Amor de Dios hacia Alameda, es abierta, amplia. A la izquierda, en primer término,  se encuentra una edificación fechada en 1930 que correspondió al famoso Café Bar Las Maravillas, espacio ineludible del costumbrismo sevillano, cita de la flor y nata de las clases medias o altas locales, y del flamenco  de entonces: Manuel Vallejo,  Caracol, Realito, Niño Gloria; tiempos de aquel limpiabotas conocido por el Masca, del tranvía que paraba enfrente.

La arriada de 1961 nos dejó imágenes como esta magnífica perspectiva de Las Maravillas gobernando el ángulo entre Amor de Dios y el fondo meridional de la Alameda. Aún podía verse, a la derecha, uno de los magníficos kioskos hexagonales que al parecer complementaron a aquellos otros establecidos en la Exposición de 1929. Detrás del puesto aparece el edificio del centro docente San Luis Gonzaga:



Eugenio García Carrera dejó el establecimiento a sus hijos Eugenio y Claudio, quienes asistieron al declive del local, que pudo haber comenzado a mediados de los 80 hasta su clausura y que permaneció con el cerrojo echado un chaparrón de años. Desde el exterior, a través de sus cristaleras, se podían contemplar las butacas apiladas y empotradas, una pequeña decoración de piedra con luces, a modo de gruta, mientras que en la parte superior, por fuera, se podía leer el nombre del bar  en relieve, evocando el conjunto una reforma sufrida con sabor a la segunda mitad de los 60 y principios de 1970. Era, el amago de lo moderno, mientras que en lo cotidiano se llegaba a la decadencia de una de las cafeterías con más solera de la Ciudad.

El Colegio San Luis Gonzaga, tal y como apuntábamos. Hemos encontrado datos acerca de su existencia desde los primeros años del siglo XX. Al parecer, una de las fachadas de entrada estaba en el número 33 de Amor de Dios; quizá, la parte trasera de Las Maravillas que aún podemos apreciar en la imagen de arriba, justo detrás del carro en la arriada, comunicando casi al frente de la calle Morgado; mientras que otro de sus frontales daba a Trajano, como vemos en esta imagen de la izquierda, que en su momento publicamos en el primero de los reportajes sobre la Alameda. Este Gonzaga no es el mismo que primero, en San Luis, y luego, en la Carretera de Alcalá de Guadaíra, impartía clases para invidentes. En este caso, se daba Párvulos, Primaria y estudios para Ingreso y Bachillerato. Aquellas generaciones de niños ( centro unisexo ), con el paso del tiempo recuerdan las medidas disciplinarias que se aplicaban entonces ( la letra con sangre entra ), hoy en día impensables, sobre todo para unos chiquillos de entre 6 y 10 o 12 años.


Era, al fin y al cabo, no sólo el respeto al profesor, sino también el miedo a ese maestro quien, o bien te abofeteaba o te daba un palmetazo con aquel palo rectangular de madera. En primer término, vemos una imagen del Primer Curso de 1975, en la que figuran en ambos extremos Manuel ( director del centro ) y Rafael ( subdirector ); más abajo, sello del Colegio en un Libro de Escolaridad de la antigua E.G.B.



En el tramo Este de la Alameda, finalizando Amor de Dios, nos encontrábamos  con cuatro establecimientos  que en los años setenta y ochenta llegaron a ser populares. Ubicados de forma consecutiva, nos encontrábamos con el establecimiento de quinielas y juegos de azar Chispitas, la pajarería de Antonio, conocida como La Jaula o El Pájaro Loco, el comercio de electrodomésticos CARBE, mas la freiduría La Isla.

Sobre Chispitas encontramos noticias a partir de anuncios de prensa de a principios de 1970. Se trataba, al parecer, de un local de apuestas deportivas en el que se repartieron numerosos premios, principalmente quinielísticos. Sabemos que bien entrados los 80, fue muy reformado, incluyéndose allí mismo una cervecería, o tal vez abacería. En primer plano, vemos una imagen frontal del establecimiento en B/N fechada en 1972, posando delante los agraciados de algún premio importante proporcionado a través de aquella peña quinielística. Abajo, una perspectiva lograda desde la misma acera del San Luis Gonzaga, en torno a 1981, apreciándose una de las primeras paradas  de  la línea 13,  un kiosko de metal,  y además un viejo 600.


A la izquierda de Chispitas surgieron dos comercios diferentes, como fueron los Muebles y Electrodomécticos Carbe, la pajarería La Jaula y la Cervecería Los Escudos. La primera toma que vemos tras estas líneas, más general, similar a la de arriba, está realizada por un videoaficionado durante la Semana Santa de 1988, ante la Cofradía de La Hiniesta; en segundo término, una visión más cercana, también de aquel Domingo de Ramos, viéndose Carbe y La Jaula. Nuestra Semana Grande siempre fue un buen referente para el aprovechamiento fotográfico de lugares que durante los días cotidianos pasan más desapercibidos.


En aquel espacio, por supuesto que existieron otros negocios anteriormente a los mencionados, tales como la peluquería de Bernabé Cortijo, quien fue padre del pintor sevillano Francisco Cortijo ( 1936-1996 ), o una de las puertas adosadas al colegio San Luis Gonzaga, fue durante años el local de José, el barbero.  Personajes y lugares de otros tiempos y otras modas.

De esta manera, sevilladesaparecida.com abarca otra de las zonas de la Alameda de Hércules menos tratadas por la literatura local hasta el momento, siempre en pos de la finalidad que este portal busca en la originalidad de sus relatos e imágenes.

Agradecimientos a Manuel Melado, popular peluquero de la Calle Amor de Dios y personalidad dentro del arte y las letras sevillanas, por su cuota de colaboración en esta reseña.

Se prohibe expresamente la reproducción parcial o total, asímismo como la publicación de imagenes colgadas en este blog sin previo permiso de su propietario Rafael Medina Delgado, ateniéndose al Copyright legal pertinente y a las medidas judiciales que éste pueda tomar en este sentido.

sábado, 19 de abril de 2014

LOS CINES DEL PRADO DE SAN SEBASTIÁN HASTA 1972

Recordamos a los lectores que respecto a los diferentes usos dados al Prado de San Sebastián a partir de 1973, expusimos un reportaje en este blog, por lo que en esta reseña intentaremos aproximarnos a los cines que se colocaron en la misma ubicación o en sus proximidades hasta aquella fecha.  Con pocos medios pero con todo el empeño posible, cuando menos, hemos podido recopilar un material fotográfico posíblemente inédito, ilustrado mediante informaciones que esperemos sean amenas para todos aquellos que nos siguen con mayor o menor asiduidad.

La llegada del cine a Sevilla, presentaba entre 1896 y 1906 diversos lugares para las proyecciones, integrándose en teatros ( Duque, San Fernando, Rodero....) , cafés ( Suizo, Nuevo Mundo, etc. ), salones ( Luimére, Imperial....), y barracas al aire libre, siendo una de ellas el Prado de San Sebastián, una parcela que fue durante mucho tiempo un lugar casi exento, sólo en principio ocupado por pequeñas extensiones como el Casino Sevillano, el Casino Militar, el Círculo de Labradores y el Centro Mercantil. No era por lo tanto de extrañar, que se ubicasen espacios temporales dedicados a las proyecciones principalmente durante las Ferias de Abril y de San Miguel. El desaparecido diario El Progreso ya nos indicaba en 1904 la existencia del barracón cinematográfico del señor Rodríguez Lagunilla, que alimentaba las proyecciones mediante el uso del cable del tranvía mediante una acometida ilegal. No obstante el Prado seguiría figurando como un lugar itinerante y transitorio. En la primavera de 1906 ya se anuncian " secciones cinematográficas todas las noches ", en el Teatro Portela. Otra sala teatral, el Eslava, ubicado en el lugar donde se construyó el Hotel Alfonso XIII, cercano al Prado, también tuvo su espacio para aquellos comienzos del Séptimo Arte; a la izquierda vemos una imagen muy conocida de la sala.

Con la llegada de la Exposición Iberoamericana de 1929, en lugares cercanos al Prado como los pabellones de Chile o Estados Unidos, se proyectaron filmaciones; sin embargo, más o menos ya dentro del solar, destaca el cine del Pabellón de Portugal.

Durante la Guerra Civil y a partir de 1937, el Prado fue escenario del establecimiento de cines de verano como el Madrid, San Fernando ( anterior a esta fecha, propiedad de la empresa del teatro del mismo nombre ), Sevilla y Nevería Universidad. Tras la contienda, localizamos cines como el Jerez ( 1941 ), o el San Sebastián, también llamado al principio Cine-Nevería Prado, inaugurado en 1942, propiedad de Virgilio Ruiz. Muy cerquita se hallaba el Prado Cinema, montado en los mismos jardines de Catalina de Ribera, el Astor ( 1948 ), etc. La imagen de la izquierda podría encuadrarse en los años de 1950, distinguiéndose a la derecha el famoso botijo en el ambigú exterior. En el centro, una catenaria de tranvía. La sala duró hasta 1967, y a principios de los años 70, los hermanos Ángel y Manuel García Herrador instalaron un nuevo Cine Prado. ( Imagen colección particular ).

En la Sevilla del desarrollismo, concretamente en 1961, al parecer se debió instalar una especie de carpa provisional, denominada Ahorre, y en la que estuvo colocado el Cine Infantil San Bernardo. Es, cuando por aquellos principios de los sesenta coexisten el nuevo cine Prado ( que duraría poco ) junto al veterano San Sebastián, perteneciendo este último a la empresa de los Llorens e Imperial. En la cartelera siguiente, comprobamos que la distribuición de la película corría a cargo de la empresa Sánchez Ramade, propietaria de los cines Apolo, Ramade, Regina, Los Remedios o Villasis.




Uno de los aledaños del Prado, la Enramadilla, fue también un lugar en donde se estableció el Cine Enramadilla, lugar que también incluía una sala de bailes y de actuaciones. Situado muy cerquita de la vieja fábrica de la Pirotecnia, el Enramadilla estuvo funcionando desde 1965 hasta 1969. Según nos cuentan era un local de muchísima categoría, lástima que su vida fuera breve, pero fue un representante de la juventud de la segunda mitad de los sesenta. La calle, casi vacía; espacios abiertos. Apreciamos el Kiosko de Paco ( según algunos testigos de la época ), de clásico diseño a rayas verdiblancas y de madera; una antigua cabina con publicidad de un recién inaugurado El Corte Inglés y el cartel anunciador de Grandes Bailes y la actuación de Los cuatro del sur. ( Imagen, colección particular ).


En abril de 1967, el Ayuntamiento subasta determinados lugares del Prado para que las empresas privadas que lo desearan establecieses cines de verano. De aquel concurso aparecerían el veraniego Cine Carlos V y el CINERAMA, estructura futurista, semiesférica, diseñada para ver cine en invierno, con calefacción. Las dimensiones del toldo que la cubría, eran de 2.600 metros cuadrados que tapaban una enorme pantalla cóncava, mientras que tres proyectores enviaban las imágenes. Precursor del 3D-IMAX. El aforo era de 1.032 expectadores. 1970 fue su último año en el Prado, y el año siguiente se colocó otra carpa diferente, para que muchos de los pequeños sevillanos acudieran a ver al delfín Flipper.

Abajo, un niño posa delante de CINERAMA, montaje futurista del arquitecto valenciano Emilio Pérez Piñero por encargo de la empresa CINESA de Alfredo Matas. La fotografía es de 1968-69, apreciándose vehículos de la época y, a la izquierda, el edificio de Juzgado. (Imagen siguiente,  colección particular).

Hasta estas líneas, la reseña que recorre los cines colocados en el Prado de San Sebastián y un poco en sus aledaños, mas alguna que otra distracción hasta 1972. Este reportaje, recordemos, es la segunda parte del primero que hicimos  sobre diferentes cines y utilidades de la histórica explanada, que publicamos en enero del año pasado:

http://www.sevilladesaparecida.com/2013/01/el-prado-de-san-sebastian-1973-1990.html