martes, 17 de junio de 2014

La fuentes de San Vicente, San Lorenzo y de la Puerta Real.

LAS FUENTES DE SAN VICENTE, SAN LORENZO Y GOLES

La búsqueda de las antiguas fuentes o pilas de Sevilla nos lleva en esta oportunidad hacia varios de los surtidores de los que menos se ha hablado sobre su existencia, pero sobre los  que hay sabidos fundamentos. En los anteriores artículos sobre las diferentes fuentes en la Historia de la Alameda de Hércules (  las de 1574 y las de 1674-75 ), expusimos varios artículos basados en  lo que realizaron los distintos consistorios, mencionándose la instauración de nuevas y reformadas conducciones de agua que, procedentes del manantial llamado los Caños del Arzobispo, llevaron el líquido elemento a fontanales establecidos no sólo en la Alameda de la Feria ( de Hércules ), sino también en la Plaza del Duque, mas algunos conventos y demás collaciones, incluyendo las de San Vicente, San Lorenzo, Goles....

LA FUENTE DE SAN VICENTE

Según lo que conocemos, la fuente manaba en las cercanías de la iglesia parroquial. Ese es el único testimonio formal sobre la ubicación de la pila, procedente de la Historia de Sevilla de Alonso Morgado, ejemplar impreso en Sevilla en 1587. El largo recorrido, desde la Carretera de Carmona ( entonces, a más de media legua de la ciudad ), donde estaba el manantial del Arzobispo, así como la poca cantidad de agua que restaba a la cañería tras haber surtido las anteriores fuentes ( San Vicente era una de las últimas en recibir ), mas los desniveles de las mismas conducciones, dieron lugar a que durante años se presentasen con asiduidad largos períodos de desavastecimiento unidos a la proliferación de obras.

Tanto la calle Cardenal Cisneros como la plaza de Doña Teresa Enríquez, fueron conocidas desde la instalación de la fuente, en 1574, por el nombre de la iglesia parroquial; esto es: Plaza de San Vicente. Un padrón de 1665 alude a la "plazuela de la Pila de San Vicente". Desde luego, esta última mención nos acerca más aún al establecimiento de la fuente. La Plaza de San Vicente, históricamente, era rectangular, alargada, cerrada en su extremo oriental hasta la apertura en 1960 de la calle Cardenal Cisneros. No obstante, hasta mediados del XIX existen alusiones a la fuente como resultado de las continuas reparaciones de las canalizaciones, mientras que en los distintos planos de la ciudad tampoco aparece el surtidor, pese a que se ha comentado que pudo haber estado adosado a la Parroquia, o bien a la altura de la Plaza de Doña Teresa Enríquez, o bien en lo que es hoy la nave correspondiente al espacio donde la Hermandad de las Siete Palabras conserva los enseres.

En el Archivo Municipal de Sevilla se conserva un plano, en torno a 1763-65, que presenta la distribución de las aguas procedentes del Arzobispo, detallándose la fuente de San Vicente tras las reformas realizadas por el asistente Larrumbe:


LA FUENTE DE SAN LORENZO

Respecto a la pila que se hallaba en la Plaza de San Lorenzo, la única información de carácter visual que tenemos es  la del mismo dibujo del A.M.S. Nos encontramos, por lo tanto, ante una fuente al parecer exenta y culminada en media bola; grande ( todo lo contrario que la de San Vicente ) y de un sólo grifo de riego. Recuerden que esta imagen pertenece a la de 1763-65, cuando desde la Alameda de Hércules partían dos cañerías y una de ellas abastecía a San Lorenzo, San Vicente, zona de Puerta de Goles,....tenemos la sensación que este surtidor pudo ubicarse en el centro de la Plazuela.


LA FUENTE DE LA PUERTA REAL

Si a partir del Renacimiento las plazas comienzan a convertirse en centros neurálgicos de la ciudad - complementando en esta función central a la iglesia -, con la fuente incluida, ejemplo que vemos en la de San Lorenzo, en el medievo, las entradas a la urbe solían incluir entraditas a modo de patios de armas, incorporando también un surtidor que abasteciese principalmente a viajeros , lugareños y ganado variado. Esta guisa permanecía en muchas ciudades, incluyendo Sevilla, como sucedía en la monumental Puerta de Triana y en la de Goles ( o Real ), terminales de las conducciones mencionadas procedente de los Caños del Arzobispo, realizadas en el último tercio del XVI y, posteriormente en el XVIII. Siguiendo con el extracto del plano de 1763-65, apreciamos la fuente de la Puerta Real:


El británico Richard Ford ( 1796-1858 ), hispanista inglés que viajó por la geografía española,  y residió en Granada y Sevilla, habiendo escrito numerosos artículos costumbristas, incluyendo una guía para el viajante. Muy conocidos son sus dibujos sobre temas sevillanos,  como por ejemplo este de abajo, en el que comprobamos la representación una escena cotidiana ante la Puerta Real, hecho a lápiz. Se observa que el surtidor contaba con un abrevadero y un muro aparentemente semicircular. No estamos ante una construcción monumental. A la izquierda aparecen los pilares del hueco de un soportal, hoy en día conservados; mientras que apreciamos las capillas que flanquean a la que fue la Nueva Puerta de Goles, perteneciente al catálogo manierista de Hernán Ruiz II, construida en el lustro 1560-1565.


De esta forma finalizamos otra de las entregas que tratan sobre las diferentes fuentes sevillanas, canalizadas a través de unas larguísimas conducciones que procedían de los entonces lejanos Caños del Arzobispo, reformadas en épocas distintas, pero cuyo denominador original no fue otro que el Renacimiento, período este que supuso un auténtico esplendor y avance hasta entonces nunca visto en distintas disciplinas, incluyendo las construcciones de ingeniería para beneficio de aquella capital del mundo llamada Sevilla.

martes, 27 de mayo de 2014

LA ALAMEDA DESAPARECIDA (5) LA ESQUINA SURESTE

Este blog, como bien conocen nuestros seguidores, ha sido pionero en el estudio de la Alameda de Hércules, principalmente desde principios del siglo XX, pasando por la postguerra y finalizando en los albores de la Exposición de 1992, a tenor de la enorme cantidad de información publicada, material hasta el momento ignoto, consistente en datos e imágenes. Sin embargo, aún quedan algunas aristas para cuadrar el círculo, representándose una de ellas en ese pequeño tramo situado al Este del bulevar que se forma al final de la calle Amor de Dios y al principio de la Correduría, que continúa agrandándose hacia el sur finalizando en Trajano. Es una parte más bien de tránsito, pues los extremos alamedanos acaban en arterias importantes como, además de las mencionadas, Peral o Calatrava, que permiten ir de calle en calle y dar la vuelta al rectángulo herculano. Una toma del Google Maps marcada con una línea roja nos aclarará mejor el espacio que trataremos:


El Sureste de la Alameda,  flanco añejo que encontró la ubicación de lugares populares e históricos como la Cafetería Las Maravillas o el Colegio San Luis Gonzaga, por no olvidarnos de la freiduría La Isla o la administración de quinielas Chispitas, entre otros.

La desembocadura de Amor de Dios hacia Alameda, es abierta, amplia. A la izquierda, en primer término,  se encuentra una edificación fechada en 1930 que correspondió al famoso Café Bar Las Maravillas, espacio ineludible del costumbrismo sevillano, cita de la flor y nata de las clases medias o altas locales, y del flamenco  de entonces: Manuel Vallejo,  Caracol, Realito, Niño Gloria; tiempos de aquel limpiabotas conocido por el Masca, del tranvía que paraba enfrente.

La arriada de 1961 nos dejó imágenes como esta magnífica perspectiva de Las Maravillas gobernando el ángulo entre Amor de Dios y el fondo meridional de la Alameda. Aún podía verse, a la derecha, uno de los magníficos kioskos hexagonales que al parecer complementaron a aquellos otros establecidos en la Exposición de 1929. Detrás del puesto aparece el edificio del centro docente San Luis Gonzaga:



Eugenio García Carrera dejó el establecimiento a sus hijos Eugenio y Claudio, quienes asistieron al declive del local, que pudo haber comenzado a mediados de los 80 hasta su clausura y que permaneció con el cerrojo echado un chaparrón de años. Desde el exterior, a través de sus cristaleras, se podían contemplar las butacas apiladas y empotradas, una pequeña decoración de piedra con luces, a modo de gruta, mientras que en la parte superior, por fuera, se podía leer el nombre del bar  en relieve, evocando el conjunto una reforma sufrida con sabor a la segunda mitad de los 60 y principios de 1970. Era, el amago de lo moderno, mientras que en lo cotidiano se llegaba a la decadencia de una de las cafeterías con más solera de la Ciudad.

El Colegio San Luis Gonzaga, tal y como apuntábamos. Hemos encontrado datos acerca de su existencia desde los primeros años del siglo XX. Al parecer, una de las fachadas de entrada estaba en el número 33 de Amor de Dios; quizá, la parte trasera de Las Maravillas que aún podemos apreciar en la imagen de arriba, justo detrás del carro en la arriada, comunicando casi al frente de la calle Morgado; mientras que otro de sus frontales daba a Trajano, como vemos en esta imagen de la izquierda, que en su momento publicamos en el primero de los reportajes sobre la Alameda. Este Gonzaga no es el mismo que primero, en San Luis, y luego, en la Carretera de Alcalá de Guadaíra, impartía clases para invidentes. En este caso, se daba Párvulos, Primaria y estudios para Ingreso y Bachillerato. Aquellas generaciones de niños ( centro unisexo ), con el paso del tiempo recuerdan las medidas disciplinarias que se aplicaban entonces ( la letra con sangre entra ), hoy en día impensables, sobre todo para unos chiquillos de entre 6 y 10 o 12 años.


Era, al fin y al cabo, no sólo el respeto al profesor, sino también el miedo a ese maestro quien, o bien te abofeteaba o te daba un palmetazo con aquel palo rectangular de madera. En primer término, vemos una imagen del Primer Curso de 1975, en la que figuran en ambos extremos Manuel ( director del centro ) y Rafael ( subdirector ); más abajo, sello del Colegio en un Libro de Escolaridad de la antigua E.G.B.



En el tramo Este de la Alameda, finalizando Amor de Dios, nos encontrábamos  con cuatro establecimientos  que en los años setenta y ochenta llegaron a ser populares. Ubicados de forma consecutiva, nos encontrábamos con el establecimiento de quinielas y juegos de azar Chispitas, la pajarería de Antonio, conocida como La Jaula o El Pájaro Loco, el comercio de electrodomésticos CARBE, mas la freiduría La Isla.

Sobre Chispitas encontramos noticias a partir de anuncios de prensa de a principios de 1970. Se trataba, al parecer, de un local de apuestas deportivas en el que se repartieron numerosos premios, principalmente quinielísticos. Sabemos que bien entrados los 80, fue muy reformado, incluyéndose allí mismo una cervecería, o tal vez abacería. En primer plano, vemos una imagen frontal del establecimiento en B/N fechada en 1972, posando delante los agraciados de algún premio importante proporcionado a través de aquella peña quinielística. Abajo, una perspectiva lograda desde la misma acera del San Luis Gonzaga, en torno a 1981, apreciándose una de las primeras paradas  de  la línea 13,  un kiosko de metal,  y además un viejo 600.


A la izquierda de Chispitas surgieron dos comercios diferentes, como fueron los Muebles y Electrodomécticos Carbe, la pajarería La Jaula y la Cervecería Los Escudos. La primera toma que vemos tras estas líneas, más general, similar a la de arriba, está realizada por un videoaficionado durante la Semana Santa de 1988, ante la Cofradía de La Hiniesta; en segundo término, una visión más cercana, también de aquel Domingo de Ramos, viéndose Carbe y La Jaula. Nuestra Semana Grande siempre fue un buen referente para el aprovechamiento fotográfico de lugares que durante los días cotidianos pasan más desapercibidos.


En aquel espacio, por supuesto que existieron otros negocios anteriormente a los mencionados, tales como la peluquería de Bernabé Cortijo, quien fue padre del pintor sevillano Francisco Cortijo ( 1936-1996 ), o una de las puertas adosadas al colegio San Luis Gonzaga, fue durante años el local de José, el barbero.  Personajes y lugares de otros tiempos y otras modas.

De esta manera, sevilladesaparecida.com abarca otra de las zonas de la Alameda de Hércules menos tratadas por la literatura local hasta el momento, siempre en pos de la finalidad que este portal busca en la originalidad de sus relatos e imágenes.

Agradecimientos a Manuel Melado, popular peluquero de la Calle Amor de Dios y personalidad dentro del arte y las letras sevillanas, por su cuota de colaboración en esta reseña.

Se prohibe expresamente la reproducción parcial o total, asímismo como la publicación de imagenes colgadas en este blog sin previo permiso de su propietario Rafael Medina Delgado, ateniéndose al Copyright legal pertinente y a las medidas judiciales que éste pueda tomar en este sentido.

sábado, 19 de abril de 2014

LOS CINES DEL PRADO DE SAN SEBASTIÁN HASTA 1972

Recordamos a los lectores que respecto a los diferentes usos dados al Prado de San Sebastián a partir de 1973, expusimos un reportaje en este blog, por lo que en esta reseña intentaremos aproximarnos a los cines que se colocaron en la misma ubicación o en sus proximidades hasta aquella fecha.  Con pocos medios pero con todo el empeño posible, cuando menos, hemos podido recopilar un material fotográfico posíblemente inédito, ilustrado mediante informaciones que esperemos sean amenas para todos aquellos que nos siguen con mayor o menor asiduidad.

La llegada del cine a Sevilla, presentaba entre 1896 y 1906 diversos lugares para las proyecciones, integrándose en teatros ( Duque, San Fernando, Rodero....) , cafés ( Suizo, Nuevo Mundo, etc. ), salones ( Luimére, Imperial....), y barracas al aire libre, siendo una de ellas el Prado de San Sebastián, una parcela que fue durante mucho tiempo un lugar casi exento, sólo en principio ocupado por pequeñas extensiones como el Casino Sevillano, el Casino Militar, el Círculo de Labradores y el Centro Mercantil. No era por lo tanto de extrañar, que se ubicasen espacios temporales dedicados a las proyecciones principalmente durante las Ferias de Abril y de San Miguel. El desaparecido diario El Progreso ya nos indicaba en 1904 la existencia del barracón cinematográfico del señor Rodríguez Lagunilla, que alimentaba las proyecciones mediante el uso del cable del tranvía mediante una acometida ilegal. No obstante el Prado seguiría figurando como un lugar itinerante y transitorio. En la primavera de 1906 ya se anuncian " secciones cinematográficas todas las noches ", en el Teatro Portela. Otra sala teatral, el Eslava, ubicado en el lugar donde se construyó el Hotel Alfonso XIII, cercano al Prado, también tuvo su espacio para aquellos comienzos del Séptimo Arte; a la izquierda vemos una imagen muy conocida de la sala.

Con la llegada de la Exposición Iberoamericana de 1929, en lugares cercanos al Prado como los pabellones de Chile o Estados Unidos, se proyectaron filmaciones; sin embargo, más o menos ya dentro del solar, destaca el cine del Pabellón de Portugal.

Durante la Guerra Civil y a partir de 1937, el Prado fue escenario del establecimiento de cines de verano como el Madrid, San Fernando ( anterior a esta fecha, propiedad de la empresa del teatro del mismo nombre ), Sevilla y Nevería Universidad. Tras la contienda, localizamos cines como el Jerez ( 1941 ), o el San Sebastián, también llamado al principio Cine-Nevería Prado, inaugurado en 1942, propiedad de Virgilio Ruiz. Muy cerquita se hallaba el Prado Cinema, montado en los mismos jardines de Catalina de Ribera, el Astor ( 1948 ), etc. La imagen de la izquierda podría encuadrarse en los años de 1950, distinguiéndose a la derecha el famoso botijo en el ambigú exterior. En el centro, una catenaria de tranvía. La sala duró hasta 1967, y a principios de los años 70, los hermanos Ángel y Manuel García Herrador instalaron un nuevo Cine Prado. ( Imagen colección particular ).

En la Sevilla del desarrollismo, concretamente en 1961, al parecer se debió instalar una especie de carpa provisional, denominada Ahorre, y en la que estuvo colocado el Cine Infantil San Bernardo. Es, cuando por aquellos principios de los sesenta coexisten el nuevo cine Prado ( que duraría poco ) junto al veterano San Sebastián, perteneciendo este último a la empresa de los Llorens e Imperial. En la cartelera siguiente, comprobamos que la distribuición de la película corría a cargo de la empresa Sánchez Ramade, propietaria de los cines Apolo, Ramade, Regina, Los Remedios o Villasis.




Uno de los aledaños del Prado, la Enramadilla, fue también un lugar en donde se estableció el Cine Enramadilla, lugar que también incluía una sala de bailes y de actuaciones. Situado muy cerquita de la vieja fábrica de la Pirotecnia, el Enramadilla estuvo funcionando desde 1965 hasta 1969. Según nos cuentan era un local de muchísima categoría, lástima que su vida fuera breve, pero fue un representante de la juventud de la segunda mitad de los sesenta. La calle, casi vacía; espacios abiertos. Apreciamos el Kiosko de Paco ( según algunos testigos de la época ), de clásico diseño a rayas verdiblancas y de madera; una antigua cabina con publicidad de un recién inaugurado El Corte Inglés y el cartel anunciador de Grandes Bailes y la actuación de Los cuatro del sur. ( Imagen, colección particular ).


En abril de 1967, el Ayuntamiento subasta determinados lugares del Prado para que las empresas privadas que lo desearan establecieses cines de verano. De aquel concurso aparecerían el veraniego Cine Carlos V y el CINERAMA, estructura futurista, semiesférica, diseñada para ver cine en invierno, con calefacción. Las dimensiones del toldo que la cubría, eran de 2.600 metros cuadrados que tapaban una enorme pantalla cóncava, mientras que tres proyectores enviaban las imágenes. Precursor del 3D-IMAX. El aforo era de 1.032 expectadores. 1970 fue su último año en el Prado, y el año siguiente se colocó otra carpa diferente, para que muchos de los pequeños sevillanos acudieran a ver al delfín Flipper.

Abajo, un niño posa delante de CINERAMA, montaje futurista del arquitecto valenciano Emilio Pérez Piñero por encargo de la empresa CINESA de Alfredo Matas. La fotografía es de 1968-69, apreciándose vehículos de la época y, a la izquierda, el edificio de Juzgado. (Imagen siguiente,  colección particular).

Hasta estas líneas, la reseña que recorre los cines colocados en el Prado de San Sebastián y un poco en sus aledaños, mas alguna que otra distracción hasta 1972. Este reportaje, recordemos, es la segunda parte del primero que hicimos  sobre diferentes cines y utilidades de la histórica explanada, que publicamos en enero del año pasado:

http://www.sevilladesaparecida.com/2013/01/el-prado-de-san-sebastian-1973-1990.html

jueves, 10 de abril de 2014

LA ALAMEDA: DE LA CONGA HASTA EL CASINO

Nos contaba José Ramos Chaves que la acera de la Alameda de Hércules que va desde lo que fue la antigua Comisaría de la Policía ( ubicada donde se encuentra la actual y sobre la que dedicamos un reportaje en este blog ), formó parte durante muchos años de la vida que existió en aquella Alameda y que a partir de los años del desarrollismo en nuestro país comenzaba a languidecer. Claro que, en esta ocasión hablaremos de aquel tramo que , comenzando en la calle Arias Montano terminaba en el viejo Casino Ferroviario: un espacio no muy extenso, donde se condensaba un sector importantísimo para lo que fue el desarrollo de un estilo de vida perdido prácticamente desde hace décadas.

SALÓN DE FIESTAS ZAPICO / LA CONGA

Fue allá por el año 1986 cuando, tras salir del Holiday con un conocido de la discoteca, decidí por primera vez aventurarme por aquellas entonces sórdidas calles de la Alameda de Hércules, pegadas a aquella abandonada mansión de las Sirenas. Con 18 años y, posíblemente, impulsado por la curiosidad, fue la primera vez que conocí de noche la calle Leonor Dávalos. Pudo haber sido un lunes o un martes, la oscuridad reinaba sobre los recovecos de la despoblada Alameda, alumbrada por las tenues y amarillentos reflejos de las farolas que, a media luz, proporcionaban, ante el silencio del tráfico y falta de otros luminosos publicitarios, las únicas guías de nuestros ojos. Ni un alma en la calle. Accediendo por el cortísimo tramo de Arias Montano, nada más entrar en Leonor Dávalos, al girar la cabeza hacia la derecha, algo me llamó levemente la atención: aquello no era otra cosa sino un amplio portalón cerrado y sucio, descuidado. Aquí terminaría un cortísimo relato que concluye con la casual visión de lo que fue la entrada del salón Zapico, o lo que fue lo mismo, pero también con otro nombre: el cabaret la Conga, que llevaba cerrado desde 1977.

Adquirida por José Martínez Quijano, propietario del también desaparecido ilustre bar de toreros "Los Tres Reyes", la Sala Zapico nos reporta informaciones sobre su existencia desde 1919 como salón de baile, incluyendo flamenco. Cierto es que, por entonces, la Alameda fue un lugar mucho más acogedor hasta que comenzó a dejar de serlo paulatinamente, a partir de la Postguerra. Antonio Burgos menciona un viejo Zapico ocupando lo que fue la Sala de Fiestas el Cisne, al lado del Cine Trajano. No obstante, desde los años 20 tenemos noticias del Zapico ubicado en la calle Leonor Dávalos 17.

En aquel salón actuaron primeras filas del flamenco, como fueron la Malena, Carmen de la Rosa Heredia, Angelita Fernández, etc. Aunque era propiamente un cabaret / baile, no un lugar para espectáculos flamencos. En 1971 pasó a denominarse Conga, viendo pasar entre sus viejas paredes lo más mundano de Alameda y alrededores durante años.


Abajo, Alameda de Hércules en 1982. Ni siquiera la participación de Sevilla en el Mundial de Fútbol de España, pareció afectar al entorno, el cual seguía prácticamente igual que en las décadas anteriores. Una Alameda vacía, repleta de lugares recónditos. 1, Conga; 2, Casa de las Sirenas; 3, Boca del proyecto del Metro; 4, Calle Leonor Dávalos.

Ampliación de la imagen anterior, orientada a la calle Leonor Dávalos y la Conga, cerrada. A su derecha, la Casa de las Sirenas, totalmente en ruinas y en su parte trasera, en Jesús del Gran Poder, asoma el caserío donde se hallaba el cine de verano Ideal. En el tramo existente entre Arias Montano - Alameda de Hércules - Urraca Osorio, se aprecia perfectamente el solar que ocupó una de las casas más antiguas de la zona, que pudo haber pertenecido a la creación de la misma Leonor Dávalos en torno a 1860.  Aquel terreno se mantuvo desde mediados de los 70 hasta principios de los 90, dando lugar que se pudiera observar la entrada de la desaparecida Conga. 


La siguiente perspectiva es de 1985, tomada sólo cuatro años después de la anterior imagen. El tiempo parece haberse detenido. 1, calle Alameda de Hércules; 2, calle Leonor Dávalos; 3, Conga; 4, calle Arias Montano; 5; Casa de las Sirenas en ruinas.


BAR CASABLANCA

En la Alameda de Hércules, en 1940, Valentín Casablanca adquirió por traspaso la vivienda que transformó en un bar, ocupando entonces el número 22 en el conocido bulevar sevillano.  En 1964 sabíamos que el local estuvo inscrito en el "Club Cruzcampo", habiendo recibido entradas gratuitas para ver un partido de la Selección Española en Nervión.

El local era de planta trapezoidal, con un sólo acceso y mostrador para clientes. Este bar tradicional conoció la Alameda de la Posguerra, viviendo los últimos estertores de aquel espacio donde habitó el flamenco, habida cuenta su cercanía a los bares La Sacristía y Parrita. Supo los años del desarrollismo, así como los 70, 80 y parte de los 90, décadas en que sobresalió el abandono de la zona, que comenzó a ser conocida por la proliferación generalizada de la prostitución y la inseguridad, pero que hoy en día, al menos para los nostálgicos ya metidos en los cuarenta años de edad o incluso más, puede ofrecer un recuerdo de la infancia o de la adolescencia bajo la perspectiva de un panorama tradicional perdido.


LA SACRISTÍA Y CASA PARRITA

Otros de los establecimientos emblemáticos que sobresalieron en aquella Alameda de fiestas flamencas. Lugares en los que despuntaron muchísimas gargantas del cante jondo sevillano. Sitios de los que hablaron Antonio Mairena, Caracol, Chocolate, el Tarta, Niño Gloria, el Pali, , la Gamba, etc. La Sacristía, al cabo de los años pasó a ser una carpintería, mientras que Casa Parrita es la actual Casa Paco, pegada a la Sacristía. La primera imagen de abajo, de 1978, presenta la esquina de Santa Ana-Alameda, con la carpintería a la izquierda ( por la que se accedía también por la primera de las dos calles ), mientras que a su lado derecho, el Bar Casablanca y Parrita; porque la siguiente vista, tomada en 1965, nos muestra el viejo kiosko de chucherías en la acera de enfrente -1- ( del cual hablaremos seguidamente ) y La Sacristía - 3 -  ( donde todavía se conserva la antigua placa del nomenclátor  - 2 - ), junto al Bar Casablanca - 4 -  y a Parrita - 5 -.



DESDE SANTA ANA HASTA EL CASINO FERROVIARIO

La configuración del tramo que recorre la Alameda, empezando por la esquina de Santa Ana, al otro lado de la Sacristía, finalizando en el viejo Casino Ferroviario, es, salvo este último edificio, un espacio de más o menos reciente construcción, puesto que en la segunda mitad de la década de 1970 fue demolido todo un paquete de casas cuya antiguedad podría fecharse en la época del proyecto de Balbino Marrón ( 1857-1870 ). 

Lo cierto es que en aquella hila de casas hubo lugares que tuvieron una función tradicional, quizá poco conocida y casi nada valorada para muchos historiadores de temas sevillanos, más bien dados a fijarse en lo más llamativo. Los tres sitios que rescatamos, son: El kiosko de la esquina de Santa Ana, la tienda de bicicletas de José Blanco y el Casino Ferroviario.

En primer término, imagen cenital de 1943. Vemos una Alameda en la que se distingue una de las secciones en que se dividió el rectángulo para favorecer al tráfico, a partir del Plan de 1937: 1) Edificio frente a Santa Ana donde estaba el puestecillo, 2) Ubicación del taller de José Blanco, en el retranqueo formado tras el edificio de techumbre a dos aguas, y 3) Casino Ferroviario. Por último, casi abajo del todo de la foto, aparecen finas las líneas del tranvía, el cual no atravesaba la Alameda por la parte de la acera izquierda, pero sí frente a los Hércules:


Sobre el kiosko de la esquina a Santa Ana no hemos averiguado nada acerca de quien lo regentaba . Al fondo, a la izquierda, el Casino y el retranqueo de la calle. La imagen raya lo pintoresco, lo costumbrista:

Abajo, fachada frontal de las viviendas la Alameda, retranqueadas principalmente ante el saliente del Casino Ferroviario, en la arriada de 1948. En el número 11, taller de bicicletas de José Blanco, sabiendo de la existencia de su establecimiento desde los años 40, y que según nos contaba José Ramos Chaves, también alquilaba carrillos de mano, muy utiles entonces para transportar enseres de mudanzas. En aquel número, tenía su vivienda el pintor gaditano Francisco Muñoz. Por último, en la casa de la izquierda ( nº 10 ), de inestimable valor artístico, fue donde vivieron la solicitada matrona Carmen Rodríguez Camacho y Eusebio Linares y sus ocho hijos.


Finalizamos con la reseña del Centro Cultural Ferroviario, edificio fechado en 1900 según la Agencia Catastral, ya mencionado en el primero de los reportajes que publicamos sobre la Alameda de Hércules. Lugar utilizado por el gobierno de Queipo de Llano durante la Guerra Civil, como espacio para conferencias culturales, aunque en cuyo interior, arriba del bar del fondo, se establecían timbas de póker, por entonces prohibidas. El Casino en los 60 y 70.....las pavías que traía el Jeromo,  el Pirata, el guardacoches hermano del Eduardo....Con cariño, nostalgia y respeto, le dedico este sencillo homenaje a todos ellos y muchos más que conocí, personas autóctonas, genuinamente sevillanas, de un mundo pintoresco y olvidado en la noche de los tiempos.


Con este documento, finalizamos, creemos, un digno trabajo dedicado a la parte que nos faltaba de la acera occidental de la Alameda, espacio sobre el que seguiremos investigando y ahondando en su aprendizaje y divulgación, sin importar el tiempo que nos lleve en su elaboración; por supuesto, buscando la originalidad.