miércoles, 15 de julio de 2015

RÓTULOS y PLACAS DESAPARECIDAS DE LA ALAMEDA DE HÉRCULES

Así fueron y así son:  mudos testigos de la memoria de la Alameda de Hércules de Sevilla. Viejas inscripciones de piedra o de madera que, desapercibidas y silenciosas, sobrevivieron a terremotos, riadas, guerras, incendios y toda clase de avatares que sufrió la ciudad. Conocieron las historias de hechos alegres y también luctuosos; observaron el progreso de cofradías y procesiones, desfiles, tranvías o entierros; e incluso hasta reconocieron a personajes populares y anónimos, odiados y queridos, buenos y malos de la Sevilla de ayer y de siempre.

LA HISTORIA DE LA PLACA DE LA JABANILLA Y LOS  RÓTULOS DE LA ALAMEDA DE HÉRCULES DESAPARECIDOS


Echemos un vistazo a la panorámica del lugar en 1961, el lugar, antiguo número 4 de Potro. Una vieja casa de vecinos de dos plantas que aparece inmortalizada en la arriada tras la barca, décadas antes a su derribo. A la derecha según miramos, una accesoría con persiana de metal, donde trabajaba un zapatero llamado Antonio, mientras que el siguiente número, el 7, justo al lado, era la casa de Carlos Hill, lugar donde se alquilaban disfraces:


Aunque creemos que anterior a 1856 no debió haberse colocado aquel u otro rótulo, pues Balbino Marrón elaboró un proyecto que dio lugar a la calle Potro , rotulada en 1875. Pero lo cierto es que a principios de este siglo XXI se derribó esa casa junto al marbete* que rezaba "Alameda de Hércules", aunque aquel no fue el único que mencionaba el nombre del bulevar en este sitio, pues tenemos constancia de otro, que actualmente tampoco existe, que estuvo en un edificio muy retocado pero que antiguamente fue el Bar Los Majarones y que a finales de los 60-70 pasó a ser un taller de recauchutados, de lo que hablamos a continuación.

Abajo y a la izquierda, ampliamos la parte central de la fachada en una toma posterior, ya de a principios de los 80, en la vemos ampliado y con más nitidez el rótulo que se identificaba la Alameda de Hércules. A juzgar por la cercanía a mi domicilio y también por testimonios de vecinos del lugar, el marbete siempre fue el mismo y nunca fue repuesto o reparado por otro distinto. A la derecha, también ampliado el azulejo de " La Jabanilla ", que se hallaba en la parte inferior derecha del anterior:

Como objeto de valor histórico, no ofrece alguna duda el azulejo que no figura, atención, en el Plano de Olavide; eso sí, en el nomenclátor sí está. Pero el asunto se complica porque en realidad no se conoce el topónimo de esa palabra. Al respecto, Demetrio Mármol Plaza, vecino del lugar, comentaba que: " en aquel lugar existió una vieja taberna -anterior a la de los mencionados Majarones- que fue sitio de reunión de cubanos residentes o transehuntes en Sevilla, a la que llamaron por añoranza " La Habanilla ", de ahí en la evolución oral posterior el cambio de la h por la J. Sin embargo, otro acervo explica que " existió también otra taberna de reuniones políticas denominada " Abanilla ", sin hache ".  De esta forma, dos interpretaciones diferentes que no aclararon el origen.

Como antes decíamos, el rótulo de la " Alameda de Hércules ", así como la placa de " La Jabanilla " se conservaron hasta hace muy poquito. Ya no existen. En la siguiente imagen, tomada en 1985, el fallecido cantaor El Pali, parece señalar hacia el taller de automóviles, recordando a los Majarones, aunque tal vez sin advertir que placas ( hemos circulado dos ), siendo el del lado inferior izquiero el de esta investigación, y marbete* estaban allí como testigos del momento, dejándonos prueba de su existencia para artículos de investigación como el que publicamos:


En nuestros días, un bar al estilo moderno ocupa la parte baja de aquel edificio, donde no se ven por ninguna parte las placas:


El mismo edificio, en la parte que entra en la calle Barco, también tres placas de significado diferente: alturas alcanzadas por las aguas del Guadalquivir en diferentes arriadas en Sevilla. Ninguna de las tres sobreviven:

La de arriba menciona 1786, mientras que la de abajo está inscrita un siglo después. El azulejo del XVIII tal vez fue trasladado a la calle Santa Ana, esquina Alameda, justo en la antigua Sacristía; el segundo, desapareció y no nos consta se haya recolocado en algún otro lugar de la Alameda. Se marca, además, la línea de la altura del agua, posiblemente muy dispar en relación a otras zonas más o menos anegadas del bulevar alamedano, por lo que creemos que la primera placa no debió trasladarse. El tercero de ellos, que marcaba la altura del agua en 1961, tampoco se conserva en este lugar.


Pero en la esquina de Santa Ana, además de la placa mencionada del XVIII, también existe otra gemela al del mismo edificio de la calle Barco; en concreto marca la llegada del agua en la riada de 1961 como apuntamos. Vemos las dos láminas actualmente:


Precisamente, en la misma calle Santa Ana, justo arriba de la cerámica que vemos sobre estas líneas, existió un rótulo antiguo, de madera, sobre el que conocemos que a principios de los 80 del pasado siglo fue sustituido por otro de material alfarero, al estilo del actual. El marbete, quizá fue acometido por los operarios que trabajaban en la carpintería del mismo edificio que anteriormente fue la bodega de La Sacristía.

Las placas o los rótulos, al formar parte de un patrimonio cultural muy pequeño al que nunca se ha protegido ni por el que no se han preocupado. Señales calladas, testigos de la Historia de nuestra ciudad. Desde estas modestas líneas solicitamos su conservación y que nunca la dejadez o los malos propósitos no pasen por encima ni se impongan encima de estos reducidos compañeros de tránsito.

* Marbete: Como nombre masculino, pedazo de papel, cartulina u otro material parecido que se pega o sujeta sobre una cosa para indicar alguna información relacionada con ella, en especial su contenido o su destino.
 


viernes, 10 de julio de 2015

LA ALAMEDA DESAPARECIDA, CRÓNICAS ( 6 )

PERSPECTIVA SOCIAL DE LA ALAMEDA
DÉCADAS DE 1970-1980

Es la Alameda de Hércules una inagotable fuente, un interminable filón de historias, anécdotas, hechos...... Habiendo ejercido un protagonismo indiscutible en la llamada Sevilla de la Transición, en aquellos años 70 y 80 tan queridos y recordados en este espacio. Crónicas de un bulevar alamediano que parecen algunas de ellas quedar en el olvido; mientras que otras a veces se oyen entre algunos supervivientes autócnonos del lugar y alrededores, transmitidas de generación en generación por aquellos que las vivieron, las oyeron a su vez contadas por sus protagonistas o por otros que a la par, recibieron en sus oidos aquellas cosas que pasaron.

Colocándonos en situación, la década de los 70 nos enseñaba una Alameda repleta de un caserío principalmente decimonónico y de a principios del XX , en lo  referente a los flancos del bulevar, el cual mantenía su estética rectangular de siempre, pero fraccionado en tres vías transversales producto de la reforma de 1936-45, orientadas para esparcer el tráfico  y poder desembocar a calles como Relator, Peris Mencheta, Santa Ana, Niño Perdido, etc. Algunas de estas y otras calles, adyacentes y paralelas al rectángulo, formaban junto a la otra ala ( Leonor Dávalos ); un entresijo interno en el que dominaban edificios también construidos en lejanas décadas anteriores, la mayoría sin reformar y en estado de deterioro. A todo esto, se le unía el aspecto social en el que destacaban la prostitución y la inseguridad ( esto último acentuado desde principios de los 80 ). También, a raíz de la segunda mitad del decenio de 1970, aparecen las drogas duras . La situación social del lugar, poco antes de la llegada de los 90, llegó a presentar un escenario en el que, salvo la media mañana o el mediodía, el riesgo de robo a punta de navaja era un peligro casi constante. La prostitución anteriormente autóctona desaparecía progresivamente; el proxeneta, también otrora del lugar, iba dejando paso a tipos que, procedente de las barriadas periféricas, acudían con motocicletas a recoger a las prostitutas, aprovechando sin escrúpulos el intimidar y robar a cualquier viandante circunstancial o potencial cliente. La llegada de estos improvisados motoristas se vio favorecida por el crecimiento del motor en el mercado de segunda mano, unido a las nuevas leyes blandas, la continuación y aumento de la marginalidad en la periferia, así como la mencionada llegada de la droga.

Sección de la Alameda de Hércules en una perspectiva aérea de 1982. Señalamos algunas calles conflictivas como eran Leonor Dávalos (1), Joaquín Costa (2), Niño Perdido (3). El número 4 era la "boca del metro", cuyas obras se cerraron y quedaron paralizadas. Por supuesto, otras calles cercanas a Joaquín Costa fueron lugares muy peligrosos ( Cruz de la Tinaja, Juan Pérez Montalbán, Molinos, Niño Perdido...), sin olvidar el sector de la Plaza de la Europa. No obstante, la Alameda de entonces era prácticamente un todo inseguro.

Crónicas buenas y crónicas malas. Historias de otro tiempo....

LA LEYENDA NEGRA DE LA VAQUITA

En la calle Joaquín Costa número 20, se hallaba una de las muchas whisquerías de entonces: La Vaquita. El 18 de enero de 1973, un camionero, cliente quizás circunstancial del bar, dicen las fuentes de prensa que según testigos del local, forcejeó con alguna de las chicas que allí trabajaban, por lo que fue expulsado, prometiendo venganza contra quienes se encontraban allí dentro. En efecto. Posteriores opiniones cuentan que J.F.A.C. - iniciales del supuesto caminonero - fue a la gasolinera de Torneo y con una lata de combustible se encaminó de nuevo hacia el bar, cumpliendo aquellas siniestras palabras vengativas. Roció con gasolina el suelo, lanzando a continuación la latilla sobre una estufa de butano. Inmediatamente el fuego y la humareda inundaron el local. El encargado, J.O., reaccionó colaborando en sacar de las llamas y el humo a Rosario ( la mujer que vendía el tabaco ), así como a un par de clientes.

Mientras se desarrollaba el mortal episodio, ambulancias, policía y bomberos se encaminaban raúdamente mientras los vecinos de la calle y personas que paraban entonces en otros bares cercanos, contribuyendo éstos a sofocar el fuego con cubos de agua e intentar a su vez salvar alguna vida.

Cinco mujeres (la mayor parte de de ellas de nacionalidad o procedencia árabe ) y un hombre fueron los fallecidos: camareras y un cliente. Otros tres varones resultaron heridos, figurando uno de ellos como otro de los encargados de la whiskería. Por su parte, el autor del múltiple crimen terminó entregándose en la Comisaría.

De esta forma, a la izquierda, ABC nos mostraba el estado final de La Vaquita


Derecha: Escena tomada en 1978. Vemos un día cualquiera en la vida de La Alameda, con los proxenetas paseando en Niño Perdido y Joaquín Costa. Al fondo del todo, en la derecha observamos parte de lo que fue la nueva whiskería "La Vaquita -2" -con el letrero de cerveza "Águila dorada"-, que se trasladó al número 18 hasta 1981. Vemos un Seat 127 a la derecha de la calle, justo pegado a la entrada del desaparecido bar "Seire". Sabor añejo de unos tiempos que no volverán, pero que nos evocan a las páginas negras de la Alameda, en hechos sucedidos hace más de cuarenta años.

             EL ROBO DEL BUTRÓN EN EL BAR LOS ESCUDOS

En algunos reportajes anteriores sobre la Alameda, hemos hablado de la administración de quinielas Chispitas, establecimiento del que tenemos constancia de su existencia al menos desde principio de los 70; lugar que se convirtió en un sitio muy popular, pues fue una peña quinielística que proporcionó numeroso premios a lo largo de su dilatada existencia.

A la derecha del despacho aparecen las puertas del bar Los Escudos , el cual también fue víctima en aquella ocasión del robo que mencionamos. Bar y administración pertenecían a Antonio Luque, quien al llegar con su hijo la mañana del 14 de diciembre de 1984, encontró que desde la azotea de una casa colindante, deshabitada, penetraron al zagúan contiguo al bar, forzaron la cancela de su entrada y practicaron un agujero en el muro para pasar al interior. Afortunadamente, al ser de madrugada y no localizarse el interruptor de la luz, sin linternas y sólo mecheros, los ladrones produjeron mucho ruido en su trajín y sólo pudieron arramblar con parte de la recaudación de las quinielas, unas 40 mil pesetas de entonces, aunque los destrozos causados se elevaron a doscientas mil. Alertada por los vecinos, la policía hizo aparición, aunque los cacos ya habían huido.

Otro robo más en la zona. Como no podía ser de otra forma, la Alameda y sus aledaños eran el principal espejo para la inseguridad del Casco Antiguo de una Sevilla que había multiplicado por tres el número de robos en apenas once años, desde 1972.

    PREMIO DE LOTERÍA DE NAVIDAD PARA LA GENTE HUMILDE

En nuestra querida Alameda no todo fueron robos y crímenes. También existieron momentos de felicidad y de jolgorio dentro de aquel microcosmos. El exponente principal de la mejor noticia de todas las pensables fue que Sevilla, como en otras ocasiones, fue beneficiada con varios premios importantes de la Lotería Nacional navideña. Si en la deprimida entonces barriada de Torreblanca tocó un premio de 25 millones de las antiguas pesetas, gracias a un número adquirido en la Administración del Gato Negro, en la Alameda de Hércules, nada menos que una parte importante del 55.793, o sea, el Segundo Premio, fue a parar allí.  También una empresa ubicada en la Carretera de Su Eminencia fue beneficiada.  Una Lotería de Navidad en la que las niñas de San Ildefonso por primera vez hicieron su debut.

Las crónicas narran que un popular lotero conocido como " El Chino ", llevó la felicidad en forma de billetes que se tradujeron en 372 millones que cayeron en manos de parados, prostitutas, trabajadores y hasta propietarios de algunos locales del lugar. Aquella Alameda solitaria y taciturna fue por unos días un lugar en que la felicidad y el alboroto se hizo patente para todos los vecinos.

Sabemos que dos bares fueron afortunados con buenos pellizcos, como la Cervecería Otero, que se encontraba al principio de Joaquín Costa, esquina Barco ( casi diez millones ), o el bar Las Columnas ( que no es el local actual con su mismo nombre ), sino otro que estaba localizado cerca de la Plaza de la Mata. En la imagen de la izquierda, escena en la puerta de este último local.

La Alameda, aquel espacio autóctono y genuínamente sevillano; la de los chulos y prostitutas que allí vivían, la de los guardacoches, la de los prostíbulos, whisquerías, la freiduría la Isla, Las Maravillas reformada, Los Faroles, La Conga, las de las partidas ilegales de cartas en el Casino Ferroviario, Las Sirenas en ruina, los derribos vacíos, la de los kioskos de madera; aquella que sucedió a la del flamenco, los cines verano y las tertulias taurinas,  fue parte de la Sevilla de la Transición y, aunque para muchos para bien, hace años que murió, permaneciendo sólo en la memoria de los nostálgicos como el autor de estas líneas.






viernes, 29 de mayo de 2015

RETROSPECTIVA OBRERA DEL REAL BETIS BALOMPIÉ

¿ Fué el Real Betis alguna vez un club obrero ?

Cualquier bético desde la niñez, oyó alguna vez que el equipo de sus amores fue una entidad que, partiendo desde la modestia, se convirtió en grande y popular con el paso de los años. Aún así, el sello de gran parte de su masa social continuó aperteneciendo a clases trabajadoras, humildes y económicamente poco favorecidas. Esta marca comenzó a configurarse a partir de los pocos años de la creación del Club, una vez que los primitivos fundadores, a su vez directivos y también jugadores, en parte procedentes de la prestigiosa Academia Politécnica, empezaban a ser, en su mayoría, sustituídos por otros nuevos, en una situación acorde al nuevo contexto futbolístico local y económico que vivía la Entidad.

Aproximadamente, entre 1913 / 1916 aparecen los primeros recintos vallados ( cuando menos en Sevilla ), lo que conllevó a la aparición del pago por entrada y al aumento de los socios para disfrutar de una localidad. En aquel tiempo, el Betis se establece primero en el Prado de San Sebastián, luego en la Enramadilla y, posteriormente, en el Patronato Obrero: lugares rodeados de fábricas como la Pirotecnia, la de Luca de Tena, la de Gas, o las instalaciones ferroviarias, que proyectaron la afluencia de trabajadores a los sucesivos recintos béticos. De esta forma, la masa social bética impregnó un carácter proletario que trascendió tanto en lo crematístico como en lo deportivo.

Abajo:  1º)  Vista aérea del conjunto industrial de Luca de Tena, figurando a la izquierda el famoso chalet de Las Palmeras,  mientras que en el centro también aparece la entrada al recinto fabril.

2º) Instantánea de un derby jugado el 24 de febrero de 1918 en el terreno de la Enramadilla y que terminó con victoria del Real Betis por 3 a 1 frente al Sevilla FC. En el fondo, perspectiva frontal de la fábrica de losetas de cemento.


Al lado de aquella humilde masa social, un reducido número de militares y pequeños burgueses que, con grandes altibajos económicos sustentarán la base del Club en tiempos donde el foot-ball debía ser amateur, pero que el eterno rival, más preparado económicamente, se llevaba uno tras otro a los futbolistas del Balompié. Aquello sucedió hasta 1925, en que por fin se legalizó el profesionalismo en nuestro país.

En la crónica de El Liberal, del periodista Triquitraque,  ante un partido del Campeonato de Andalucía en 1918, jugado contra el Sevilla con victoria de este por 3-1, reza: "....el equipo de los azules ( color de la camiseta del Real Betis Balompié, que iba alternándose con la verdiblanca ) integrado por obreros, en todos los momentos hacían generosa ofrenda de su corazón....". Unos obreros que por mandato municipal deben trasladarse al campo del Patronato Obrero, terrenos prestados gracias a la mediación del entonces concejal, el intelectual Santiago Montoto de Sedas ( abajo ), siempre sentimentalmente vinculado al Betis, al igual que algún otro personaje bético como fue Carlos Alarcón de la Lastra. 

Existió influencia, indudablemente, pero poca capacidad adquisitiva. Importante testimonio es el que, en una entrevista concedida en 1954 al aficionado Arturo Roldán Tapia, en el Sevilla, diario de la tarde, aporta sobre aquellos primeros momentos ( ampliado abajo ):


El testimonio de Roldán Tapia es, por calificarlo de alguna manera, de "verdad histórica", una huella en la historiografía del Balompié que no se puede negar. Las primera tribuna del Patronato pudo haber sido construida en aquel año de 1918, aunque según investigamos, sobre la existencia de una grada no vemos se menciona hasta 1924, cuando aún no estaba instalado el profesionalismo de forma oficial y se menciona el 5 de septiembre de aquel año " tribunas y gradas de madera ". Por lo demás Tapia confirmó por aquel tiempo, quizás aún en 1924, que los jugadores eran humildes trabajadores.

En el Madrid Sport, el plumilla Marathon, mencionó en 1919, tras otro partido contra el Sevilla FC, un detalle también muy esclarecedor sobre el amateurismo y la vinculación obrera de los jugadores del Real Betis Balompié: 


Es importante recalcar que la competición principal de entonces, cuando menos hasta el inicio de la Liga, fue el Campeonato de Andalucía, iniciado en 1915. Resultaba más que sorprendente el hecho de que el eterno rival, el Sevilla FC, se hacía año tras año con dicho trofeo, un galardón que sólo a los campeones regionales hasta 1925, permitía el acceso a la Copa de España. Por su parte, el Balompié solía ser el sempiterno subcampeón, y tuvo que esperar para participar en dicha competición hasta 1926. Además, la aprobación del profesionalismo, en 1925 -instimos en ello-, evitó que el club de Nervión se siguiera llevando por la cara a los mejores jugadores béticos, integrados habitualmente en las clases obreras de entonces.

Un artículo de Madrid Sport, en concreto del 16-1-1922, nos refrenda de nuevo una estrecha relación entre el mundo proletario y la esencia blanquiverde. Más claro imposible: 

 
Gil Gómez Bajuelo "Discóbolo", periodista que presidió al Betis en la 22-23, afirmaba la penosa situación económica que sufría la Entidad, reflejándose este hecho en el mal estado de las tablas verdes que cerraban el Patronato.  Esta fotografía del equipo rayado, en 1922, nos enseña los tablones que rodeaban el recinto, mientras que detrás se levantaba la mole de la Fábrica de abonos La Unión Española:


El Club debió carecer de un cuerpo burgués numeroso o suficientemente adinerado dentro de sus socios, puesto que por una causa u otra, para mejorar solía aparecer algún guía, como fue, por ejemplo, Navarro Cáceres ( 1924-25 ), que junto a su directiva, debió o debieron invertir un dineral, pues se reformó y amplió el recinto verdiblanco mediante una inversión sin precedentes. Apostamos poder confirmar esta adjudicación económica, porque al año siguiente, en 1926, una nota del Betis a la prensa apuntaba que su número de socios existente era de ¡ 100 !, suponiendo que entre los mismos se hallarían unos pocos pudientes y muchos de la clase obrera. Ya no estaba Navarro Cáceres  y la estabilidad dependía , posíblemente, de los mecenas:


LA CONTINUIDAD DEL MECENAZGO:  JUGADORES PROFESIONALES, AFICIÓN OBRERA

En 1927, la llegada del famoso torero Ignacio Sánchez Mejías a la presidencia verdiblanca genera una inusitada expectación que, junto a las nuevas y expectaculares reformas del Campo del Patronato nos presenta un Betis con casi cuatro mil socios. A la par, el terreno de juego es reforzado nuevamente por la pared de la tribuna del reciente Club de Tenis Betis, foco de atracción para un sector de la clase alta y media sevillana, que también disfruta como residencia de chalets de El Porvenir, construidos muchos para la Exposición Iberoamericana de 1929, año este en que el diestro sevillano dejaría la presidencia bética, sucediéndose en este puesto burgueses de profesiones liberales que mantendrían, a través de sus gestiones y posiblemente aportaciones, estable al club en la recien inagurada Primera División, aunque la base de la afición debió seguir perteneciendo a la clase trabajadora de la época, tal y como se comprobará más adelante.

En 1933,  el abogado Moreno Sevillano inició un ambicioso proyecto de fichajes que culminaría con la obtención de la Liga en 1935. Sin embargo, una vez finalizado el Campeonato, el mismo jurista bético comentaba que " El agotamiento de la Directiva...." ( según nota de El Correo de Andalucía ) dejó lugar a la entrada de otra nueva. Entendemos que el esfuerzo económico impuesto por los directivos no llegaba a más. A este tenor, el fallecido Alfonso Jaramillo citaba textualmente que " Una vez vi a Moreno Sevillano al poco de ganar la Liga, dispuesto a empeñar una cubertería de plata propia, y me dijo que era porque el Betis necesitaba dinero ". De esa forma, en 1935,  campeones de Liga como Areso y el entrenador Mr. O'Connell se van al Barcelona, Lecue al Madrid, y Timimi también se marcha. Estába claro que los aficionados poco tenían para aportar, y más aún en los tiempos venideros.

La Afición del Balompié festeja un triunfo, en 1928. La mayoría de los socios del Patronato eran humildes y con escasa capacidad adquisitiva, incluyendo también a muchos abonados infantiles. Imagen: manquepierda.com


En 1936, la gestión de una nueva Directiva enlazará de forma definitiva con el sabor a proletariado que el hincha bético evidenciaba, justificando el mismo la casi total falta de medios sustentadores respecto una entidad  que ascendía de forma excesiva el precio de las entradas.  De esta manera, la carta de un aficionado a El Correo de Andalucía del 14 de mayo del 36 nos decía:  ".......Estos abusos hacen mella en la afición, compuesta en su mayoría por empleados modestos y obreros, que en una gran parte, debido a la escasez de trabajo, están a dos y tres días en semana, y la juventud, aficionadísima a este deporte y que, por ser hijos de familia, no disponen más que de las pocas pesetejas que sus padres les dejan para el gasto semanal....". 

 Tras la Guerra Civil, de forma lenta, la sociedad española e hispalense se reorganiza. Son tiempos en que la cantidad de socios, igual que sus aportaciones, aumentarán en jugar un papel fundamental en la vida de los clubes, en que el fútbol pasa a ser definitivamente la casi principal actividad de entretenimiento, popularizándose de forma general a nivel nacional. Pero el Betis seguirá arrastrando esas carencias económicas que lo meterán en una peligrosa espiral, hasta que la llegada de inversiones elevadísimas, acertadas, decididas y desinteresadas, volverán a colocar al club blanquiverde en una posición favorable, que aún así, a lo largo de los años nunca llegó a consolidarse a un nivel parejo en continuidad a otras entidades que gozaron de bases económicas muy elevadas y de también, por qué no decirlo, de una constancia y perseverancia superiores, salvo excepciones, en esos terrenos mencionados.

Hasta aquí, Sevilla Desaparecida  finaliza este ensayo orientativo pero a su vez creemos cercano a lo categórico, muy reforzado también por la tradición social que identificaba en el pasado al Betis con " el equipo de los obreros " y que ha llegado hasta nuestros días como algo secular, conservado en el espíritu de los béticos de toda la vida.


martes, 9 de diciembre de 2014

MISCELÁNEA COMERCIAL DE OTROS TIEMPOS ( 2 )



En este capítulo continuaremos enumerando más establecimientos desaparecidos, muy al hilo de la serie que iniciamos a finales de octubre pasado: San Eloy, Baños y Zaragoza serán las calles que protagonizarán este espacio que, como siempre, procura marcar su pauta original acorde a la idea de contrastar esos cambios surgidos principalmente a partir de la década de los 90, en parte debido a ese proceso denominado globalización que a paso silencioso finalizó, entre la tecnología y las nuevas necesidades económicas, con estéticas permanentes y tradicionales.

CALLE SAN ELOY: BODEGA  SANLÚCAR

Mencionar la calle San Eloy es hablar de tiendas, de trasiego y animación, mas una historia antiquísima que se remonta a finales del siglo XV. Pero si esta calle es ilustre y añeja, también lo fue la Bodega Sanlúcar que, fundada allí, en 1932 por Salvador González Sánchez, existió en el número 5, concretamente en el tramo y el lugar que hoy en día está la tienda de regalos Tiger. Nada que ver ahora con aquellos treinta, cuarenta, cincuenta....o si me apuran incluso hasta los 70 u 80, décadas estas últimas que conocieron en San Eloy aquel Bar Arsenio, La Casa de los Jamones, los Electrodomésticos Reyna, las Confecciones San Eloy, o aquella vieja tienda de discos de segunda mano de Juan Azagra que abrió allá por 1983 y luego pasó a Amor de Dios....

Manzanilla Fina, Madura, Pasada, Vinos procedentes de la Bodega de Herederos de Barón, de Sanlúcar de Barrameda...

La taberna Sanlúcar pasó a mejor vida ya entrados los 80, en tiempos de Francisco del Pozo como propietario del negocio, pues el local era de alquiler y se traspasó, quedando para la retina del recuerdo aquellos bocoyes de madera y las viejas carteleras taurinas colgadas en la pared. A la izquierda, puerta de la bodega, a principios de los 80; un transeúnte camina por aquel San Eloy de los días puntuales, alternando bullicia con sosiego, en una Sevilla, a la que desde hace años, los gobernantes se desentendieron de adecuarla a ese monstruo llamado globalización que cada vez acapara menos lugares para la tranquilidad.


SELECCIÓN TRAMO DE LA CALLE BAÑOS, DESDE LA INTERSECCIÓN DE MARTÍNEZ MONTAÑÉS / ANTOLÍNEZ HASTA LA PLAZA DE LA GAVIDIA: ESTANCO / ULTRAMARINOS  EL CARMEN  y DROGUERÍA-PERFUMERÍA

Este establecimiento se encontraba en el número 6 de la calle Baños. Según hemos averiguado, en 1866 el edificio debió sufrir alguna reforma, pues su antiguedad es mucha. También desconocemos la fecha de fundación del comercio, ya que en 1930 fue adquirido por el padre de Encarnación Cruz Moreno, sólo que antes, además, se conjugaba la alimentación con un bar; más adelante se incorporó el estanco. Se sabe que la época del racionamiento en la Postguerra, esta tienda repartió alimentos junto a otras de la ciudad a través de la Delegación de Abastecimientos y Transportes.

El local poseía una planta rectangular de 15 x 9 y se distribuía en un espacio para la venta y otro de almacén. Hacía esquina también con Martínez Montañés. Se recuerda un mobiliario de estanterías pintadas. La parte dedicada al estanco era pequeña; allí también se expendían quinielas y era habitual el agolpamiento de clientes en aquel sitio.

Recordamos El Carmen hasta el principio de los 90, para que, tras su cierre, se establecieran diversos comercios que tuvieron corta vida. Desde hace pocos años existe allí una tienda de productos dietéticos.

Esta tienda de ultramarinos se hallaba en el tramo que, tras pasar el cruce de Martínez Montañés / Antolínez, enfila dirección a la Plaza de la Gavidia. Lugar éste muy castigado por el tráfico debido a las cercanías de El Corte Inglés, pero también muy de comercios, recordándo en los 80 lugares como la mecanografía Rodinog, la Ferretería de José y sus hermanos, el Bar Camborio, la Peluquería Eladio ( que aún continúa ), o La Cabaña ( la semillería de Diego ), que estaba casi en la esquina de Martínez Montañés, lindando con Eladio. A la izquierda, El Camborio y la Ferretería, que aparecen en la imagen de la acera que vemos a la derecha de la calle. En el mismo camino, justo antes de llegar a la Frutería Faustino, no hará muchos años que desapareció una vieja droguería - perfumería, que permaneció en el número 5 de esta calle ( en principio fue en el 3 ) desde un pretérito desconocido, pero que en 1948 fue adquirida por la familia que llevó el negocio:

Su interior constaba de dos zonas: una dedicada a las ventas, de planta cuadrada y dimensiones de 4 x 4; mas un almacén interior. El mobiliario era principalmente de madera pintada en verde, al igual que el mostrador. En la imagen vemos una báscula de frutas cuyo modelo pudo ser de una gama al estilo Mobba, Ariso, Regio, Gallegos, Algariños o Cely.  El exterior, también barnizado en verde oscuro, muy clásico de las antiguas droguerías. Como propietaria, recordamos a Ana Triane Malaver, sin embargo algunos vecinos del barrio mencionan a otras mujeres tras el mostrador, que tal vez pudieron ser otros co-propietarios y/o familiares.

Como se dijo al principio, este comercio tradicional pasó a mejor vida hace relativamente pocos años, siendo sustituido por una tienda de violines.

CALLE ZARAGOZA: ANTIGUA LIBRERÍA FULMEN

Permaneció en la Calle Zaragoza número 36. Fundada por la estadista y luchadora de los derechos de la mujer, María González Pérez. Sobre una primera ubicación, encontramos informaciones con su habitual denominación  en el número 3 de calle Cuesta del Rosario, en 1970, concretamente en un sótano. Llevada conjuntamente con María Luisa Ferre Tejera. De allí pasaron a Zaragoza, que es el lugar que nos ocupa.

María Fulmen mantuvo la librería de temática, como decimos, principalmente femenina, hasta su fallecimiento. El establecimiento utilizaba una antigua casa-patio sevillana, la cual fue respetada en su integridad y enriquecida con un rótulo de madera muy al estilo tradicional, encardinadose con la fachada.

La herencia de María, la Fundación Fulmen, continúa su labor, pero pese a todo, aquel exterior que veíamos cuando pasábamos, desapareció a nuestra vista.

PD:  Como director del blog, me congratulo por la regularidad que recibimos de visitantes diarios, tanto anónimos como conocidos, a quienes saludo. Entre estos últimos, aprovecho para dirigirme a Félix Avendaño, David Martínez, Juan Carlos Martín, Ricardo Losada y, en última instancia, a Antonio De la Rosa "Dela", a quien me alegró una enormidad habérmelo encontrado en la calle tras una desconexión de más de veinte años, esperando tener pronto noticias suyas junto al grupo de antiguos alumnos y profesores del desaparecido Colegio Nuevo Liceo, en donde cursé parte de la antigua E.G.B. También un recuerdo muy sentido y especial para José Luis Pulido ( D.E.P.A ), antiguo compañero del mismo colegio y amigo de aquellos partidillos con balón de goma que jugábamos con aquel equipo del San Lorenzo en la Plaza del mismo nombre, en Chapina....