miércoles, 29 de octubre de 2014

MISCELÁNEA COMERCIAL DE OTROS TIEMPOS ( 1 )

LIBRERÍA - PAPELERÍA: EL SOL

Trasladándonos a las cercanías del popular barrio de San Lorenzo, haciendo esquina entre Jesús del Gran Poder y Conde de Barajas, vamos a recordar a la que fue la Librería / Papelería EL SOL, que estuvo en un edificio del año 1942 ( según reza en la leyenda superior del mismo ), en el que actualmente se halla la empresa Email Boxes.

En 1951, Antonio Molina Cobo, adquirió el local -que antes se dedicaba a la venta de máquinas de coser Sigma-, que permaneció alrededor de cuarenta años dedicado a la venta de libros ( religiosos, de texto, etc ) y de material escolar y de oficinas. EL SOL abastecía una zona de tránsito, en cuyas cercanías se encontraban el colegio de las Irlandesas, que funcionó hasta 1968 en Jesús del Gran Poder, el desaparecido San Luis Gonzaga de la Alameda frente a la academia Realito, así como también el Conservatorio Superior de Música, que sigue aún en el mismo lugar.

Recuerdos de la niñez, allá por la década de los 70, de unas estanterías de madera barnizadas, al igual que los amplios y altos mostradores, las estampas de comunión en el escaparate, los cuadernos de caligrafía de Rubio, los carísimos Rotring, los lápices de color Alpino, las cajas de pegamento Imedio, la cola kliel; de aquella señora teñida de rubio, muy pintada que siempre nos atendía pero que nunca sabíamos su nombre....


ELECTRICIDAD: LA INSTALADORA MODERNA

En la céntrica calle Sagasta, lugar que ha sufrido incontables cambios de comercios, sobre todo a partir de la década de los 90 hasta nuestros días, recordamos en esta ocasión un local dedicado a la electricidad y al gas, que estuvo en funcionamiento a partir de 1945, continuando la tradición, pues anteriormentes a aquella fecha existió otra casa dedicada a los mismos menesteres. Nos hallamos ante una empresa de tradición familiar que se encontraba en el número 20 de la mencionada calle, vía también muy conocida hace años por el nombre de Gallegos, pues así se denominó primero hasta 1903, y luego, en una segunda etapa desde 1938 hasta 1981.















Hasta hace unos años, también existió en el número 41 de la calle Baños otra tienda de componentes eléctricos del mismo propietario, Francisco Pineda Amaro. Actualmente no tenemos noticias de que esté la misma firma en funcionamiento. 

ZAPATERÍA:  CALZADOS SAN PABLO

El emblemático y desaparecido establecimiento de calzados, inició su andadura en 1946 por un abuelo de quienes pasaron posteriormente a ser sus propietarios. Anteriormente fue una tienda de electricidad. Azulejos preciosos, rellenados con letras de imprenta, y unas medidas para la zona interior de venta de 4 x 10 metros. Calzados San Pablo (Nº 33), fue de aquellos comercios que tanto por decoración como por fidelidad al público, formó parte del tradicional entorno del largo segmento que une a San Pablo con Reyes Católicos y Magdalena, al igual que otros establecimientos incluidos en el primero de los tres tramos, como fueron la Peluquería Hermanos Delgado, los Electrodomésticos Lucena, la Ferretería San Pablo, la Bodega del mismo nombre, la Guarnicionería, esquina a Bailén o los Almacenes Carmelo Orozco y Cecilio del Pueyo.

A continuación se pueden apreciar dos perspectivas diferentes del comercio, tomadas en momentos similares en el tiempo:


DROGUERÍA: MANUEL CASTILLO RODRÍGUEZ

La calle Relator ha sido una de las vías que más transformaciones en las tiendas ha ido sufriendo a lo largo de su tránsito, a raíz de la década de los 90. En 1938, Manuel Castillo Gutiérrez fundó el local hasta que lo adquirió mediante compra en 1940, pues anteriormente fue la Bodega El Gallo. Formaba esquina con entrada a Relator, comunicando también con la calle San Basilio, donde se encontraba el también desaparecido bar El Punto. En la parte de la izquierda de la imagen, no está recogida la frutería Pituna de Manolo el Pituna, comercio que tampoco existe. Vecinos del lugar nos comentan que el propietario, Manuel Castillo, llevó junto a su hermana el negocio hasta prácticamente el final del mismo.


EXPOSICIONES Y MOLDURAS ROLDÁN

En la flor y nata del centro de Sevilla, nada menos que en el que fue el número 32 de la calle Sierpes se encontró hasta hace relativamente poco tiempo. De esta forma, queda para la antología comercial Roldán, comercio fundado en los primeros años del siglo pasado.
El loca
El local disponía de 5 salas, incluyendo el zaguán de entrada, destacando el clasicismo del frontón superior decorativo del exterior, que incluía las letras y los números de la calle en relieve, compuesto todo de algún tipo de material metálico

Se vendían molduras, dorados y artículos de arte. Entre 1916 y 1936, se realizaron numerosas exposiciones; algunas de ellas de cierto prestigio, como la que anunció la publicación El Liberal en 1919, que mencionaba una muestra de lienzos de Tiziano, Herrera el Viejo, Goya, Carreño, Alenza o Madrazo. En 1924, citamos una muestra de Gonzalo Bilbao; en 1928 sería Martínez de León quien expondría en Roldán una exhibición de dibujos acerca de Juan Belmonte....De esta manera, este comercio, junto a la Casa Gil, se convertirían en algunos de los centros privados más relevantes en lo referente a exposiciones de objetos de arte.

Los comercios tradicionales desaparecidos son motivos predilectos e indispensables de nuestro blog, aunque muchas empresas continúan, los primitivos locales dejaron de permanecer a nuestra vista. Y esa visión del pasado es la que nos ayuda a seguir la serie de misceláneas como esta.





sábado, 13 de septiembre de 2014

EL CINE HISPANO - VILLASOL, DE LA ALAMEDA

El Hispano - Villasol, diríamos que se podría encontrar en una hipotética segunda ola de los cines de verano sevillanos de la Alameda; teniendo en cuenta que los primeros cinematográficos, mudos, estuvieron ubicados antes de la primera reforma del Bulevar acometida en tiempos del Alzamiento Nacional, la cual marcaría la configuración del lugar hasta entrado el siglo XXI.

Como decíamos, la historia de los cines que estuvieron en la Alameda podríamos dividirla en, cuando menos una etapa primitiva, que partiría desde la colocación de un pionero del cine mudo hasta 1936-37: el Alameda, pasando luego por los Vigily Villasol, llegando estos últimos tres a funcionar de manera paralela, hasta la llegada de las películas sonoras.  Así, se cuenta  que el Villaconchita pasó luego a llamarse Hispano y más adelante Español, el cual llegó a convivir hasta mediados de 1940 con el Hispano-Villasol. Normalmente, aquellas pantallas de cine mudo solían ser colocadas por los mismos kioskos. La Alameda vivió por entonces su propio universo, con las Murgas, la Pila del Pato, los puestos de Cristales ( colocados desde 1912 ), Joselito, el flamenco....Joaquín Romero Murube ya escribió en ABC, en 1930, que durante las noches del estío posee a la Alameda la gran locura del cine, inmortalizando de forma que vemos, la cámara de Ramos Hernández, aquellas pantallas que se elevaban sobre un suelo con olor a tierra, dama de noche, verbena y a jazmín.


En pleno apogeo del cine en nuestra capital, surgen varios empresarios, entre los que destacó  Ildefonso Cuesta González, poseedor de un pequeño emporio, con las bodegas Viña Sol, la zapatería El Encanto, también  un par de cines de invierno: el Villa Sol, en la calle Jaúregui, y el Lumbreras, en la vía del mismo nombre, manteniéndose este último desde 1933 hasta 1941, mas el bar también llamado Villa Sol, en la Alameda, esquina a Niño Perdido. Además, Cuesta fue concejal del Ayuntamiento de Sevilla con la Delegación de Ferias y Festejos.

En 1936, el Ayuntamiento decide cambiar parte de la fisonomía de la Alameda de Hércules, de esta manera, el rectángulo quedaría dividido en tres secciones, siendo la central más larga, favoreciendo de esta forma el tráfico rodado. En 1938, se inaugura el Hispano - Villasol, emplazándose justo frente al antiguo cuartel de la Policía Armada. En la imagen de la izquierda podemos comprobar como el cine se encontraba al principio del último tramo en que se dividió el bulevar, antes de llegar a las columnas de los leones, con el cuartel a la izquierda según vemos. La fotografía es de 1943 y la Alameda entonces es una estructura empedrada, en la que aún aún sobrevivían algunos kioskos, mas otros añadidos por el Ayuntamiento, dentro de una nueva configuración que no le hizo perder el clasicismo. 

En la toma cenital de aquel año 1943, apreciamos: 1) Ubicación del Cine Hispano Villasol - hoy en día frente al edificio donde está el Café Central - ; 2) Cuartel de la Policía Armada - Ocupa actualmente el edificio de la Comisaría de Policía -; 3) Pila del Pato, cuya estatua principal volvió a ser trasladada de allí en 1942. Por último, en un círculo las columnas de los leones, mientras que las dos rayitas rojas indican la división transversal del bulevar en aquel lugar. 

Tiempos en que, se diga lo que se diga, existía su momento para la diversión en la noche, abundando como es sabido las salas fílmicas estivales. Incluso, en las cercanías a la Alameda, podían verse películas en cine Ideal, o tomarse algo en bares como el Eneka,  el de Caballero Chacón, el bar Los Molinos, la Bodega Cornejo, el bar de Manuel Noria Suárez, etc; todo ello, sin olvidar la Peña taurina, deportiva, o el mismo Casino Ferroviario. Abajo, publicidad de la época, en la que se incluye el Cine Hispano Villasol.


Las informaciones que manejamos, nos indican que a finales de los 40 la empresa del señor Cuesta, popietaria del Cine Hispano - Villasol de la Alameda, estableció otra sala de verano, que se hallaba concretamente en lo que entonces se conoció como el callejón de Santa Isabel ( hoy callejón de Sierra Nevada ), al que se llamó Cine Capitol, que sustituyó de esta forma el nombre del que fue Cine Recaredo, una de las primeras instalaciones cinematográficas estivales de la Postguerra, que posteriormente, ya entrados los 50, volvió de nuevo con este nombre. En Sevilla, continuaron los cines de verano, pero lo cierto es que en la Alameda ya no volvió a instalarse ninguno más al estilo clásico. En el bulevar donde estaba el cine, el Ayuntamiento colocó un estanque en 1950, reconvertido  en Jardín a finales de los 60, que duró, ya seco, hasta la última remodelación de la Alameda y que aún permanece en los recuerdos de muchos sevillanos.

Hasta aquí, sevilladesaparecida llega al final del verano, sin abandonar el hilo de aquellos cines estivales, en espera de publicar próximos proyectos aún en preparación, siempre intentando acercarse a la originalidad y personalidad de la Sevilla Desaparecida.


lunes, 28 de julio de 2014

CINES DE VERANO TERRAZAS FLORIDA Y ALCOSA

Como cada verano, llega a nuestro blog el recuerdo de los cines estivales, parte imprescindible para el conocimiento y divulgación de lo que fue el costumbrismo cinematográfico en Sevilla, que desapareció casi por completo en nuestros días, debido a factores  tales como la llegada de la tecnología audiovisual ( video, dvd, internet....), el mayor número de ofertas y posibilidades de ocio, así como también la inacción política y la especulación urbanística.

De aquel universo nocturno, hoy en día conformado por, apenas, un par de salas gestionadas por Diputación y Universidad, quizá funcionando a modo de reclamo cultural; espacios para algunos nostálgicos, cinéfilos, y giris de la globalización, no nos queda más que un simple recuerdo, que en este capítulo será conformado por lo que fueron las terrazas de verano Florida y Alcosa.

Aproximadamente, por donde se encuentra el actual Tanatorio de la S-30, allá por los años 78/79, existió el cine de verano Terraza Florida, gestionado por el empresario Pepe Sosa ( Ultramarinos Sosa ). Es de suponer que, al ser un cine de barrio, se abastecía de una clientela principalmente procedente del Polígono Norte, las Avenidas, Golondrinas, Torreón, y, por supuesto, también de la Ballichera.


Pues  bien: aquella construcción desmontable, fue trasladada al Parque Alcosa, asociándose Pepe Sosa junto a José Antonio Gullón, quien posteriormente se haría cargo del trianero cine Alfarería, montando ambos la Terraza Alcosa, que funcionó entre 1981 y 1984.

La barriada de Alcosa fue construida en tres fases durante el período 1970-79, por la constructora valenciana Alfredo Corral, S.A., formando en un principio uno de los lugares más lejanos de la Ciudad, distanciado a 9 kilómetros del Casco Antiguo. Por entonces, la nueva urbanización no disponía de cines, salvo el Aeropuerto, fuera de la temporada estival; además, existía la lejanía de otros enclaves como el Polígono de San Pablo ( Cines Español y Sinaí ), o Torreblanca ( Cines Ranchito y las Flores; mas La Paz, de invierno ), por lo que el establecimiento de la Terraza Alcosa significó en su momento, no sólo una novedad, sino también la satisfacción de una necesidad, pese a que por entonces el video comenzaba a hacer sus pinitos, aunque estaba claro que un lugar en cierto punto algo aislado ( pese a su mercadillo) necesitaba una sala de proyecciones veraniegas.

Abajo, imagen cenital tomada en 1984. Aún faltaba mucho que hacer, incluyendo calles más nuevas como Ontur (1) y Pintor Alfonso Grosso (2), las cuáles hemos rotulado con una línea. El círculo señala el asentamiento del cine Alcosa, mientras que la edificación exenta a su derecha, supuestamente lo colocaríamos como lo que fue el Cine Aeropuerto:


Y a continuación una escena actual del mismo sitio que nos ayudará a comprender la ubicación de la Terraza de Verano Alcosa. Google Maps:


Realmente, trasladarse al Parque Alcosa, incluyendo el cine, suponía un lejanísimo y tardío viaje a través de la empresa de transportes de Damián Millán, pues era la única línea disponible y su terminal estaba en el Prado. Y aunque vamos de cines, no hemos dejado en el tintero otra reliquia como era aquel ticket de autobús que conectaba, por aquellos años, trozos de Sevilla. Historia misma de Alcosa:


Nuestro colaborador Carlos Ortega, hijo de Fernando, portero de varios cines, ( entre ellos, estos ) otro hispalense de la nostalgia, recuerda a Gonzalo, el taquillero ( hijo de Pepe Sosa ); José, el guarda; manolito, encargado del bar; y hasta a uno de los operadores apellidado Valdivia. Tiempos de calles solitarias, de autobuses calurosos, de botellitas de Pepsi y de Cola, de la luz roja de exit, de la salamanquesa en la pared, de la araña en la pantalla cuando cortaban la película....

Carlos, desde el recuerdo de su infancia, comentaba que aquel Alcosa era " como de varios colores por fuera ", y que " las películas se proyectaban desde la cabina del cerrado Cine Aeropuerto", aunque aquello sucedió a partir del segundo año de la Terraza en Alcosa, ya que en la primera temporada el cine estuvo colocado cerca de unos pisos pilotos de la urbanización que estaban cerca del campo de fútbol."




Lo cierto y la verdad, es que aquellos cines de verano de barrio y de barriada, fueron desapareciendo, y con ellos el costumbrismo, dejando paso a un enorme halo de nostalgia para quienes, generaciones como la de quien suscribe y otras anteriores, aún queda el espacio para la evocación.

martes, 17 de junio de 2014

La fuentes de San Vicente, San Lorenzo y de la Puerta Real.

LAS FUENTES DE SAN VICENTE, SAN LORENZO Y GOLES

La búsqueda de las antiguas fuentes o pilas de Sevilla nos lleva en esta oportunidad hacia varios de los surtidores de los que menos se ha hablado sobre su existencia, pero sobre los  que hay sabidos fundamentos. En los anteriores artículos sobre las diferentes fuentes en la Historia de la Alameda de Hércules (  las de 1574 y las de 1674-75 ), expusimos varios artículos basados en  lo que realizaron los distintos consistorios, mencionándose la instauración de nuevas y reformadas conducciones de agua que, procedentes del manantial llamado los Caños del Arzobispo, llevaron el líquido elemento a fontanales establecidos no sólo en la Alameda de la Feria ( de Hércules ), sino también en la Plaza del Duque, mas algunos conventos y demás collaciones, incluyendo las de San Vicente, San Lorenzo, Goles....

LA FUENTE DE SAN VICENTE

Según lo que conocemos, la fuente manaba en las cercanías de la iglesia parroquial. Ese es el único testimonio formal sobre la ubicación de la pila, procedente de la Historia de Sevilla de Alonso Morgado, ejemplar impreso en Sevilla en 1587. El largo recorrido, desde la Carretera de Carmona ( entonces, a más de media legua de la ciudad ), donde estaba el manantial del Arzobispo, así como la poca cantidad de agua que restaba a la cañería tras haber surtido las anteriores fuentes ( San Vicente era una de las últimas en recibir ), mas los desniveles de las mismas conducciones, dieron lugar a que durante años se presentasen con asiduidad largos períodos de desavastecimiento unidos a la proliferación de obras.

Tanto la calle Cardenal Cisneros como la plaza de Doña Teresa Enríquez, fueron conocidas desde la instalación de la fuente, en 1574, por el nombre de la iglesia parroquial; esto es: Plaza de San Vicente. Un padrón de 1665 alude a la "plazuela de la Pila de San Vicente". Desde luego, esta última mención nos acerca más aún al establecimiento de la fuente. La Plaza de San Vicente, históricamente, era rectangular, alargada, cerrada en su extremo oriental hasta la apertura en 1960 de la calle Cardenal Cisneros. No obstante, hasta mediados del XIX existen alusiones a la fuente como resultado de las continuas reparaciones de las canalizaciones, mientras que en los distintos planos de la ciudad tampoco aparece el surtidor, pese a que se ha comentado que pudo haber estado adosado a la Parroquia, o bien a la altura de la Plaza de Doña Teresa Enríquez, o bien en lo que es hoy la nave correspondiente al espacio donde la Hermandad de las Siete Palabras conserva los enseres.

En el Archivo Municipal de Sevilla se conserva un plano, en torno a 1763-65, que presenta la distribución de las aguas procedentes del Arzobispo, detallándose la fuente de San Vicente tras las reformas realizadas por el asistente Larrumbe:


LA FUENTE DE SAN LORENZO

Respecto a la pila que se hallaba en la Plaza de San Lorenzo, la única información de carácter visual que tenemos es  la del mismo dibujo del A.M.S. Nos encontramos, por lo tanto, ante una fuente al parecer exenta y culminada en media bola; grande ( todo lo contrario que la de San Vicente ) y de un sólo grifo de riego. Recuerden que esta imagen pertenece a la de 1763-65, cuando desde la Alameda de Hércules partían dos cañerías y una de ellas abastecía a San Lorenzo, San Vicente, zona de Puerta de Goles,....tenemos la sensación que este surtidor pudo ubicarse en el centro de la Plazuela.


LA FUENTE DE LA PUERTA REAL

Si a partir del Renacimiento las plazas comienzan a convertirse en centros neurálgicos de la ciudad - complementando en esta función central a la iglesia -, con la fuente incluida, ejemplo que vemos en la de San Lorenzo, en el medievo, las entradas a la urbe solían incluir entraditas a modo de patios de armas, incorporando también un surtidor que abasteciese principalmente a viajeros , lugareños y ganado variado. Esta guisa permanecía en muchas ciudades, incluyendo Sevilla, como sucedía en la monumental Puerta de Triana y en la de Goles ( o Real ), terminales de las conducciones mencionadas procedente de los Caños del Arzobispo, realizadas en el último tercio del XVI y, posteriormente en el XVIII. Siguiendo con el extracto del plano de 1763-65, apreciamos la fuente de la Puerta Real:


El británico Richard Ford ( 1796-1858 ), hispanista inglés que viajó por la geografía española,  y residió en Granada y Sevilla, habiendo escrito numerosos artículos costumbristas, incluyendo una guía para el viajante. Muy conocidos son sus dibujos sobre temas sevillanos,  como por ejemplo este de abajo, en el que comprobamos la representación una escena cotidiana ante la Puerta Real, hecho a lápiz. Se observa que el surtidor contaba con un abrevadero y un muro aparentemente semicircular. No estamos ante una construcción monumental. A la izquierda aparecen los pilares del hueco de un soportal, hoy en día conservados; mientras que apreciamos las capillas que flanquean a la que fue la Nueva Puerta de Goles, perteneciente al catálogo manierista de Hernán Ruiz II, construida en el lustro 1560-1565.


De esta forma finalizamos otra de las entregas que tratan sobre las diferentes fuentes sevillanas, canalizadas a través de unas larguísimas conducciones que procedían de los entonces lejanos Caños del Arzobispo, reformadas en épocas distintas, pero cuyo denominador original no fue otro que el Renacimiento, período este que supuso un auténtico esplendor y avance hasta entonces nunca visto en distintas disciplinas, incluyendo las construcciones de ingeniería para beneficio de aquella capital del mundo llamada Sevilla.